Cigarros, habanos, tabacos, puros… no importa el nombre que utilicemos, nos referimos a otro tipo de las formas de tabaco que actualmente se ha colocado de moda entre los adolescentes y jóvenes de la Sociedad Dominicana.
Según el Instituto Nacional del Tabaco (Intabaco), para el 2016 la industria del tabaco generaba 780 millones de dólares por año, y 115 mil empleos directos y 350 mil empleos indirectos.
El cigarro o habano está compuesto por un grupo de hojas de tabaco, curadas y fermentadas, unidas por una envoltura, también de tabaco, el cual, dependiendo el tamaño -los más comunes miden hasta siete pulgadas de longitud- pueden contener de 1 a 20 gramos de tabaco.
Entrando en materia de salud respiratoria, el Instituto Nacional del Cáncer (NCH, por sus siglas en inglés) establece que el cigarro puro contiene más cantidad de sustancias químicas nocivas por gramo de tabaco que el cigarrillo común y que la exposición a estas sustancias es más prolongada, ya que un puro convencional tarda aproximadamente dos horas para ser consumido, en contraste con el cigarrillo habitual, cuya duración promedio es de unos 10 minutos.

Tabaco | Foto: Pixabay
Entre sus consumidores habituales, los puros son vistos como un “lujo sofisticado” y como un signo de buen gusto, estatus y éxito. Constantemente se escuchan las opiniones de que “es menos dañino para la salud que el cigarrillo”, que “solo es un consumo social”, que es un “hábito de Caballeros” entre otras cosas. Pero es sabido que este, al igual que los otros productos derivados del tabaco, incrementa exponencialmente las probabilidades de muertes por cáncer.
Aunque las tasas de cáncer de pulmón son menores en frecuencia en los usuarios de cigarros que en los de cigarrillo -porque no es generalmente inhalado hacia los pulmones -, está documentada una alta tasa de cáncer de cavidad oral, laringe, esófago, páncreas, y un aumento sustancial de enfermedades de las encías y caída de las piezas dentales, disfunción eréctil, enfermedades cardiacas y otras afecciones pulmonares.
Es por esta razón que, como profesionales de la salud, es nuestro deber desaconsejar firmemente su uso -conjuntamente con otros productos derivados del tabaco – a la población general e instar a los padres y adultos responsables a mantener sus hogares libre de humo, sobre todo si hay niños, y a que, de manera frecuente, estemos pendientes a las “modas” que adoptan nuestros hijos, ya que es responsabilidad nuestra la salud y el bienestar de ellos.
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