Trabajadora sexual narra cómo su padre la “comprometió” y prostituyó

jueves 4 julio , 2019

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Su padre la prostituyó desde los 13 años, fue maltratada, hizo el papel de “dama” por dinero, vivió largos años como trabajadora sexual, al tiempo que se alfabetizaba, realizó estudios técnicos, y hoy es bachiller y empleada privada, madre con dos hijos, un joven y una mujer.

Carmen Lorenzo Lorenzo, no sabe su fecha de nacimiento, pues sus padres no la declararon y se vio obligada a realizar una declaración tardía con una fecha aproximada  para lograr su cédula y declarar a sus hijos. 

A los 13 años, ya “estaba de provecho”, según su padre, por lo cual la comprometió sin su consentimiento y la entregó a un hombre al que no amaba, la forzó a tener relaciones y a convivir un tiempo bajo rechazo, maltratos y desamor. 

Esta mujer de una edad media, narró sus angustias y vicisitudes, sus diferentes etapas de precariedades y crisis económica familiar, desde la niñez y como madre, abusada desde su edad infantil a causa del hacinamiento en que vivía con sus hermanos y hermanastros en una comunidad rural de la provincia San Juan, Carmen Lorenzo hace entristecer mientras habla. 

Sin embargo, ha logrado sobreponerse al conjunto de padeceres en que estuvo inmersa su vida, al ejercicio de la prostitución “forzada por necesidad”, según expresó a los psicólogos clínicos Alexandra García, Evelin Aquino y Martha Pérez Mencías, de quienes fue su invitada en el programa Entre Adultos, que produce el doctor Héctor Guerrero Heredia por la Z101.3 FM, y que conduce el psicólogo Eladio Hernández.

La vida de Carmen Lorenzo nadie quisiera haberla vivido. Desde la localidad lejana de San Juan donde nació y vivió, ya casi en edad adulta, abandona su lugar natal, deja sus hijos con su madre y parte hacia la capital en busca de “mejoría”, donde se aloja en un cuarto en el barrio Cristo Rey y se ve obligada a ser trabajadora sexual sin darse cuenta, debido a su ingenuidad y desconocimiento de ese tipo de práctica.

Desde una cafetería donde “trabajaba”, que más bien era una casa de citas, se le pagaba poco y estaba obligada a prostituirse para conservar los ingresos que recibía.  

A partir de su nueva etapa como trabajadora sexual logra una mejora económica que le permite vivir alquilada en el sector La Ciénaga, uno de los barrios de mayor marginación de la capital, pero ya su vida comenzó a mejorar, pues subió de categoría como trabajadora sexual con conciencia de su rol.

“La trabajadora sexual lo hace por necesidad, por obligación, para poder comer y mantener a sus hijos y familia”, manifestó compungida ante preguntas de los profesionales a su lado.

Superación

Se alfabetizó en una escuela de monjas, se inscribió en un politécnico e hizo tres niveles de costura, cursó hasta el octavo curso, ya terminó el bachillerato a través del programa Prepara del Ministerio de Educación y ahora se inscribirá en la UASD en busca de una profesión y dedicarse a la orientación y el trabajo con trabajadores y trabajadoras sexuales. 

A Carmen Lorenzo Lorenzo los años la han ido retirando del trabajo sexual, que ejercía de diferentes modalidades, porque así es esa práctica para quienes viven de esta.

Hoy, no se siente arrepentida de ese ejercicio, porque con ayudas ha logrado pasar a una nueva etapa de su vida, que le permite visualizar el mundo de manera diferente, y dice dar “gracias a Dios por esa vida de trabajadora sexual, pese a las vicisitudes, porque hoy puedo ver la vida diferente”, destacó.

Para Carmen “el trabajo sexual es una violación voluntaria, día a día, que se soporta por la necesidad”.

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Rafael Tomás Jaime

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