Los seres humanos viven como media 5,5 años más ahora que a principios de este siglo, ya que la esperanza de vida global ha pasado de 66,5 a 72 años, pero éste y otros avances podrían reducirse con la pandemia de la COVID-19, advierte hoy miércoles un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Las Estadísticas de Salud Mundial que anualmente publica la organización, que aún no incluyen datos sobre 2020 y por tanto no muestran el impacto del coronavirus, indican avances que sin embargo se ven amenazados por la pandemia, subrayó la OMS al presentar los nuevos datos.
"La gente tiene vidas más largas y saludables, lo malo es que el progreso es demasiado lento para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible y que se retrocederá con la COVID-19″, señaló en un comunicado el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.
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Por otro lado, aunque la mejora en la esperanza de vida es patente, la OMS subraya que sigue habiendo una enorme brecha entre los países desarrollados, donde el indicador alcanza los 80,8 años, mientras que en las naciones en desarrollo es de 62,7 años (cifras de 2016).
España figura en el tercer lugar mundial, con una esperanza de vida de 83 años (80,3 para los hombres y 85,7 para las mujeres) sólo por detrás de los 84,2 años de Japón y los 83,3 de Suiza.
En Latinoamérica, encabeza las estadísticas Costa Rica (79,6 años), seguida de Cuba (79) y Panamá (78), mientras que los países con menor esperanza de vida en la región son Bolivia (71,5 años), Guatemala (73,2) y República Dominicana (73,5), según la OMS.
La esperanza de vida de Argentina en 2016 era de 76,9 años, 75,1 en Brasil y Colombia, 76,4 en Chile, 76,6 en México, 75,9 en Perú y 74,1 en Venezuela, de acuerdo con el informe.
Pese a la gran brecha entre países ricos y pobres, ésta se ha reducido a lo largo del siglo, ya que mientras la esperanza de vida media en los países en desarrollo aumentó 11 años entre 2000 y 2016, sólo lo hizo en tres años en las naciones más desarrolladas.
Las estadísticas también muestran mejoras en el acceso de atención médica para la prevención de enfermedades como el sida, la malaria o la tuberculosis, así como en los servicios de maternidad, que redujeron a la mitad la mortalidad infantil entre 2000 y 2018, subraya el informe.
En otros indicadores la OMS advierte sobre una paralización de los progresos, por ejemplo, en el área de inmunización, o en la atención de enfermedades no infecciosas, que en 2016 causaron un 70 % de las muertes globales (la mayoría de ellas, un 85, en países en desarrollo).