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Los inquisidores modernos responden a Borges

miércoles 7 noviembre , 2018

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Belié Beltrán | Foto: Javier Celado

En una ocasión Borges se preguntó cuál sería la actitud del lector del 2000. Contaba que le gustaría ver cómo se realizaban las lecturas de los nuevos textos y de los clásicos.

En aquel momento no tenía cómo obtener respuesta. Pero ahora es más o menos posible ofrecerle una.

Hay tres buenos ejemplos que pueden servir para identificar los modos de lectura dVista previa (se abre en una ventana nueva)e este tiempo. El primero es sobre la obra de Mark Twain.

En 1885 Twain publicó Las Aventuras de Huckleberry Finn. En ella utiliza 219 veces la palabra “nigger”, un término que como todos sabemos en esta época es ofensiva. También aparece cuatro veces en la novela Las aventuras de Tom Sawyer, del mismo escritor.

La editorial estadounidense Newsouthbooks  ha estado trabajando en una edición de ambas novelas que substituya nigger por “esclavo”, que aunque no son sinónimas, no resultarán ofensivas para los lectores actuales. La idea es ofrecer una lectura políticamente correcta.

Entre 1932 y 1943 se publicó la novela infantil La casa de la pradera de  Laura Ingalls Wilder. La historia cuenta una vida más o menos rural con varias escenas autobiográficas. Por este y otros trabajos, Wilder ganó el premio  que ofrece la Asociación de servicio de Bibliotecas para Niños (ALSC), por sus siglas en inglés.

Pero este año, la ALSC decidió retirar el reconocimiento a Laura Ingalls por hallar racismo en su obra. Sus textos hacen comentarios que pueden resultar ofensivos para la población indígena de los Estados Unidos.

En 1943 Antoine de Saint-Exupery publicó El Principito. Hace unas semanas el proyecto llamado Espejos Literarios puso a circular una edición de la obra titulada La Principesa. Esta hace una completa traducción del texto a lenguaje inclusivo, cambiando no solo palabras sino situaciones, sexos, personajes e incluyendo referencias a feministas importantes de la historia.

Los tres ejemplos que he citado podrían responder la pregunta de Borges. No solo se lee desde la perspectiva actual, sino que los lectores del 2000 reescriben el pasado.

Es similar a lo que ocurre en la novela 1984. El Gran Hermano eliminó de todo material bibliográfico cualquier contexto histórico ajeno a los intereses del poder impuesto.

¿Quiere decir que en los ejemplos citados no hay sexismo, racismo y lenguaje excluyente? De ninguna manera. Pero son textos que muestran el modo en el que vivieron sus autores. No cambiaremos la historia por modificar su legado cultural.

Contrario a la buena intención, el nuevo modo de lectura invasiva niega a los lectores la oportunidad de debatir y experimentar las visiones que tuvieron aquellos hombres y mujeres. Y sobra decir que estos inquisidores del pasado, en su quema de libros contradicen su búsqueda de inclusión.

Pd: Probablemente esté equivocado y sea mi neo machismo lo que me impulse a opinar así. Solo divago.


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Belié Beltrán

Posee licenciatura (PUCMM) y maestría (APEC) en comunicación corporativa. Es autor de los libros “Pardavelito” (cuento) y “Crónicas a la Colmena” (poesía). Fue traducido al alemán por el Goethe Institut y ha ganado varios premios de poesía y cuento.

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