La salud mental en la mirilla del COVID-19

miércoles 19 agosto , 2020

Creado por:

Ángel Bello

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado la voz de alerta en más de una ocasión respecto al impacto devastador que desde ya está teniendo en la salud mental de las personas la pandemia por el covid-19. En este sentido, la OMS pronostica que las consecuencias se prolongarán por varios años, incluso más allá de la pandemia.

¿Por qué razón? ¿Cuál es la relación que existe entre la situación sanitaria por la que está atravesando el mundo actualmente y la salud mental no solo de las víctimas directas del covid-19, sino de todos los que recibimos la influencia de la pandemia y las medidas adoptadas para contrarrestarla?

En términos de trastornos mentales, el covid-19 no ha traído ninguna novedad si de entidades nosológicas se trata. Lo que ha ocurrido más bien es que los efectos del virus, así como también muchas de las acciones que se han desplegado para reducir su impacto, han potencializado simultáneamente el efecto dramático que normalmente tienen múltiples estresores en el ser humano.

En este sentido, podríamos señalar algunas situaciones propias de la lucha por mitigar el contagio por el covid-19 y que, si bien es cierto que contribuyen a lograr este objetivo, afectan la salud mental de muchas personas. Tales son, por ejemplo, el uso de mascarillas, el distanciamiento, el confinamiento y el teletrabajo, las cuales incrementan el riesgo de estrés, ansiedad, trastornos del sueño, trastornos obsesivo compulsivos y hasta suicidios.

De la misma manera, podemos establecer que las restricciones impuestas al duelo por la pérdida de familiares y amigos víctimas del covid-19, así como también el desempleo y su relación con percepciones de baja autoestima, desesperanza e incertidumbre, constituyen dos de los principales desafíos que ponen a prueba nuestros recursos mentales para hacer frente a la adversidad y evitar el colapso.

Los grupos de más alto riesgo están encabezados por el personal sanitario, seguido por las mujeres, los niños y adolescentes, y los adultos mayores. En el caso de las mujeres, el reto se explica por su mayor exposición a la violencia doméstica, así como también la sobrecarga de ocupaciones debido a la presencia por mucho más tiempo de los niños en el hogar.

¿Qué hacer? Dos medidas se hacen imperativas. Por un lado, la OMS ha instado a las autoridades sanitarias de los diversos países a colocar en su lista de prioridades la atención psicológica y el apoyo emocional no solo a los pacientes víctimas del covid-19, sino además, a sus familiares y la población en sentido general. Los resultados de estas medidas serán manifiestos en la medida en que los Gobiernos canalicen mayores recursos económicos para el área de la salud mental.

Además, es necesario también que conjuntamente con las medidas restrictivas para evitar los contagios, se implementen programas de educación ciudadana que persigan fomentar en las personas, además del comportamiento solidario y responsable, su capacidad de adaptabilidad y flexibilidad ante cambios que, como el que vivimos actualmente, nos plantea tantas demandas, cuestionando nuestro estilo de vida, nuestras costumbres y nuestros paradigmas.

Reconocemos que la educación es el antídoto más complejo contra el covid-19, pero también el más efectivo, no hay dudas.

Ángel Bello

Psicólogo y consultor en Capacitación. Maestría en Gerencia y Productividad. Profesor de la Universidad Católica Santo Domingo.

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