El rostro humano de los conflictos políticos

martes 22 octubre , 2019

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Foto: Ángel Bello

Los partidos políticos son organizaciones, y como tales, tienen sus fundamentos en el trabajo coordinado de hombres y mujeres que conforman las áreas o departamentos (comité político, comisión ejecutiva, presidencia, secretaría general, comité central, las bases, etc.) que, aunque diferenciados, han de perseguir los mismos objetivos. Son sistemas compuestos por partes interdependientes y que reciben también la influencia del entorno (gobierno, congreso, empresas, organizaciones de la sociedad civil, simpatizantes, otras agrupaciones políticas, etc.).

De la misma manera, estas organizaciones, como las demás, precisan para ser productivas, de un liderazgo capaz de galvanizar los esfuerzos colectivos mediante la administración eficiente de los recursos, la planeación, el trabajo en equipo, la comunicación, la motivación y la inspiración y guía hacia una visión compartida.

Cuando se presentan confrontaciones intrapartidarias o entre dos o más agrupaciones de este tipo, solemos concentrar nuestro interés, casi en su totalidad, en las luchas por el poder y las disputas por el botín que significa el presupuesto del erario. Casi olvidamos que se trata, en última instancia, de conflictos entre seres humanos comunes y corrientes, con sentimientos y valores en juego, con expectativas y frustraciones, cuyas actitudes deben ser analizadas a la luz de las ciencias sociales y del comportamiento organizacional, con todas las implicaciones que ello comporta.

Resulta imposible explicar el desempeño de la clase política a lo interno de sus organizaciones si no tomamos en cuenta que se trata de individuos con personalidades distintas y con una carga de atracciones y repulsiones mutuas que orientan su comportamiento en direcciones distintas y con objetivos individuales que no tienen que ser idénticos.

Desde el punto de vista de la teoría organizacional, los miembros de un partido político comparten una cultura cuyos valores, normas y costumbres, los han mantenido cohesionados a veces durante décadas, como una verdadera familia, con un sentido de pertenencia, identificación y lealtad, y donde los compañeros y los líderes establecen relaciones de afecto no solo con el conjunto, sino con cada uno de los miembros de manera particular.

Eso se construye durante las jornadas de trabajo de cada día y las interacciones de los grupos informales, lo cual va construyendo el ADN propio de cada organización y que, admítase o no, la hace única en el espectro político.

Como ocurre con la salida de cualquier colaborador de larga permanecía en una empresa privada, ya sea voluntariamente o por decisión de la gerencia, en los partidos políticos, sin importar otras contingencias del momento, se experimenta un período de incertidumbre, ambigüedad e inestabilidad.

En ese sentido, varios factores determinarán la suerte que pueda correr la organización a los fines de adaptarse con éxito al desafío que representa la turbulencia del cambio. Entre estas variables, se encuentran el nivel de satisfacción respecto al clima organizacional, la cohesión interna, la capacidad de la gerencia para gestionar el cambio y adaptarse al nuevo escenario y la dimensión del liderazgo del antiguo militante.

Solo el tiempo y los acontecimientos dirán cuáles de estas variables obrarán a favor o en contra de la organización a los fines de que no pierda de vista lo que debe ser su meta última: servir al pueblo.

Ángel Bello

Ángel Bello

Psicólogo con especialidad en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.

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