El arrimado es un personaje en la cultura humana que vive su vida sin compromiso y sin preocupaciones por la falta de recursos, por la familia o por la realidad económica o social.
La lógica y la psicología de ese tipo de individuo la analizaron este jueves los psicólogos clínicos Gunter Lorenzo, Geury Rosario y Maikol Díaz, quienes consideraron que la persona que se arrima, no importa su nacionalidad, raza o edad, no es productiva, no es creativa ni aporta ideas ni se preocupa por lo que crean los demás.
Al participar en el programa Entre Adultos, que produce el doctor Héctor Guerrero Heredia y que condujo el psicólogo clínico Gamalier Del Rosario por la Z101.3 FM, los profesionales de la conducta explicaron que el arrimado no se inmuta si en la casa hay precariedades o no, porque siempre busca la forma de comer, vestirse y hasta disfrutar de lo que puede encontrar o le dan.
Al analizar la actitud del arrimado, Geury Rosario y Maikol Díaz afirmaron que este tipo de persona se toma muchos más derechos que los dueños de casa o la familia que le da albergue, pues consume de todo lo que hay y nada aporta, no trabaja y si sale a buscar trabajo siempre tiene una causa por lo cual no se emplea o no se siente a gusto donde le emplearían.
Además, es oportunista y tiende a comer más que los otros, se torna enojado por simplezas y lo hace como una forma de llamar la atención y justificarse.
Geury considera que el arrimado se cree que debe ser un consentido y debe disfrutar de todo, no solo de la comida y el albergue, sino de que le den dinero para sus necesidades.
“Es lioso, porque coge prestado contando con otro; es conflictivo y lleva a los demás a asumir sus compromisos”, explicó el profesional de la conducta.
“Es una persona improductiva”, puntualizó.
Manifestó que después que una persona, hombre o mujer, pasa de los 18 a 21 años y tiene condiciones físicas normales, se convierte en arrimado de la familia, porque depende económica y totalmente de ésta.
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Cuestionó a los padres que tienen hijos en la casa manteniéndolos pese a tener una edad productiva y que muchas veces no estudian ni tienen planes de casarse.
Maikol Díaz agregó que el arrimado vive en la casa paterna o materna, de un hermano o hermana, o de un amigo.
En los casos de los hermanos, amigo o conocido se alberga supuestamente por poco tiempo, pero luego no encuentra el momento de partir y hacer vida independiente.
Para Gunter Lorenzo un arrimado causa problemas y rompe con la dinámica de una familia o del lugar donde le dan albergue, por lo cual llega un momento en que se convierte en indeseable y en una molestia.
Geury y Maikol clasificaron a los arrimados en dos tipos, el sinvergüenza y el vergonzoso.
Al sinvergüenza lo idenfificaron como el individuo que se hace totalmente dependiente, que no le gusta trabajar y no hace ningún aporte en el lugar donde reside, es haragán, insidioso y se vuelve hasta manipulador.
Mientras al arrimado vergonzoso lo consideran una persona que se gana la buena intención de quienes lo albergan, pues se muestra dispuesto a colaborar con los quehaceres de la casa, en la solución de los problemas de la familia o de la persona donde vive y se muestra solidario, aunque es dependiente en lo económico y la manutención de los demás.
Estimaron diferente el caso cuando el arrimado es una la mujer, ya que .-según explicaron- ésta es más colaboradora y dispuesta, principalmente con los quehaceres de la casa, las atenciones y la realización de diligencias.
Aclararon que quien hace aportes económicos donde lo albergan y no es apático a los compromisos no es una persona.
Gunter Lorenzo, Maikol Díaz y Geury Rosario concluyeron en recomendar a quienes dan albergue en una vivienda o apartamento que sean colaboradores y tratar de no convertirse en un peso económico para los demás.
Sugieren, además, que cuando se es dependiente por necesidad, el arrimado no debe rendirse, debe superarse, ser agradecido y echar hacia adelante.