El modelo de los llamados blockbusters (como se les conoce comúnmente a las películas hechas explícitamente para que vendan taquillas de forma masiva) ha sido totalmente alterado por las historietas en los últimos 10 años.
Si vemos las tablas de las películas más taquilleras de las pasadas épocas, nos encontraremos con filmes que tocaban temas más diversos y eran historias que, al parecer, eran más intelectuales, teatrales o al menos exploraban temas un poco más literarios y filosóficos que los éxitos de hoy en día.
Iniciada en los años 70, con El Padrino y perfeccionada con Jaws (Tiburón), el modelo de utilizar grandes presupuestos de producción y aun más grandes presupuestos de mercadeo y publicidad, para distribuir una película que contaría con un riesgo mínimo de fracasar, dio inicio a lo que sería la nueva era de Hollywood: los blockbusters.
Las películas producidas bajo este modelo casi siempre son basadas en material que ya era exitoso en su formato (libros, obras teatrales, acontecimientos históricos, etc.), son de temas y géneros en auge y son protagonizadas por actores de renombre, resultando en un éxito casi asegurado.
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Nos adelantamos varias décadas hasta el inicio de los 2000, donde la ciencia ficción, la modernidad y la tecnología son los temas en auge y es aquí donde entran los superhéroes a la acción.
Las historietas y los superhéroes de por sí cuentan con otras cualidades que se prestan para instantáneamente transformarse en éxitos taquilleros. Aparte de que ya son personajes e historias populares, cuentan con narrativas fácilmente digeribles, contienen escenas altamente visuales y llamativas, además, los arquetipos de los personajes son bastante claros: siempre villanos contra héroes. Sin importar edad, religión, cultura o nacionalidad, ver una legión de super humanos batallando contra el mal resulta satisfactorio.
Pero quizás los elementos más importantes de los cómics para las corporaciones y ejecutivos que rigen Hollywood son su potencial de hacer interminables secuelas, y aún más importante, es su capacidad de comercializar la imagen y marca de dichos personajes.
Marvel, desde el 2008 hasta ahora, ha producido en conjunto a los estudios principales de Hollywood 20 películas en total, generando la módica suma de 17.5 mil millones de dólares solo en venta de taquillas. Si agregáramos a esta cifra las ganancias generadas por las licencias del uso de estos personajes, sería un número aún más astronómico.
Esto querría decir que Hollywood actualmente no está en el negocio de hacer películas (si alguna vez lo estuvo), sino en el de marcas licenciables y franquicias.
Con todo esto no quiero decir que las historietas no puedan servir como fuente de contenido intelectual, con narrativas ricas, de temas adultos que provocan pensamientos profundos y complejos. De hecho, lo contrario es cierto, joyas del cine moderno como V for Vendetta; La Trilogía de El Caballero Oscuro, de Nolan; Sin City, y 300, por citar algunas, son todas basadas en historietas o novelas gráficas.
Tampoco acuso a estas películas de ser malas, una de las razones obvias de su éxito es el gran empeño que le ponen todos de los técnicos y creativos que participan en estos grandes proyectos, dando como resultado maravillas del entretenimiento, con unas características técnicas del más alto nivel. Yo personalmente he visto y disfrutado cada una y todas de ellas.
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Lo que pongo en tela de juicio es el tratamiento netamente comercial con que los ejecutivos de Hollywood se han empeñado en darle a estas grandes historias y personajes. El hecho de que nueve de las 10 películas más taquilleras de la última década sean parte de una franquicia, deja mucho que decir sobre las ideas originales en el mundo del cine.
Yo considero que se podría buscar un balance donde coexistan tanto películas de alto entretenimiento, pero que de igual manera se le dé el chance a que sean producidas películas con un toque más humano; que nos hagan crecer, reír, llorar, cambiar…. Sin esperar generar mil millones de dólares.
Pero como dice el refrán: si no está roto, no lo arregles.
Aquí es donde entra el dilema de arte vs. comercio; visto desde un punto de vista de negocio, ¿por qué arriesgar la inversión? Pero visto como arte, ¿están realmente contando una historia sincera o vendiendo figuras y entradas a parques temáticos? ¿Tal vez ambas?
Aunque a la mayor parte del mundo prefiera las coles, algunos, también disfrutamos las lechugas.
Más adelante exploraremos cómo la influencia de las historietas (cómics, mangas, anime, etc. ) en el cine y la televisión moderna va más allá de de adaptaciones y va directamente ligada a géneros modernos como el de la ciencia ficción.
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