Ciencia, ética profesional y política

viernes 5 junio , 2020

Creado por:

Ángel Bello

En un país en vías de desarrollo y tan politizado como el nuestro, los fundamentos de la investigación científica y los principios deontológicos que deben guiar el ejercicio profesional, diariamente, se ven amenazados por los intereses partidarios.

Hoy día es común observar a muchos profesionales, en diferentes disciplinas, sucumbir genuflexos ante el poder político, indicador de que asistimos a una degradación de los pilares axiológicos con los que se forman los estudiantes a nivel superior y que deben constituir el marco de su desempeño futuro.

¿Es posible separar la profesión de la política? ¿Es factible trazar una línea entre el profesional y el político? ¿Se puede pasar de un rol a otro como se cambia de chaqueta en aras de conservar la ética profesional? La repuesta es “no”.

La personalidad es un sistema, indivisible, y, aunque desempeñamos diferentes roles, todos ellos son interdependientes y tienen como plataforma una cosmovisión y unos valores que pautan nuestras líneas de acción.

Existen varios escenarios en que nuestro comportamiento puede guardar inconsistencia con las cogniciones y el mundo de la afectividad que completan el complejo rompecabezas de nuestras actitudes, entre ellos la coerción a la que podamos ser sometidos para actuar en determinada dirección, los trastornos mentales y las conveniencias del momento.

La coerción como método para lograr la adhesión, así como también los trastornos y el comportamiento anormal, serán objeto de futuras entregas. En el contexto del tema que nos ocupa, lo que quiero remarcar es que ciertas variables asociadas a las simpatías partidarias y a intereses mercuriales, pueden sesgar el desempeño profesional y el análisis científico de los temas sociales.

Así, el compromiso emocional, los prejuicios y las expectativas respecto a las recompensas, pueden ganar la partida a las convicciones resultados del estudio y la investigación rigurosa.

Esto se puede apreciar en el caso de algunos líderes de opinión cuyos planteamientos en el contexto de la actual campaña electoral favorecen marcada, expresa y tendenciosamente a determinadas corrientes partidarias. Esto, aún apelando a la tergiversación de los datos, las inferencias arbitrarias y las conclusiones carentes de premisas lógicas, todo con el propósito expreso de favorecer sus intereses ajenos a la búsqueda de la verdad como pilar de la ciencia.

¿Cómo abordar el dilema ético de la objetividad profesional y las preferencias partidarias? Confieso que no siempre es tan fácil, pero, debido a que la ciencia debe cumplir su rol de ser luz y guía para el abordaje de los problemas sociales, este mandato se erige como un imperativo de alta prioridad en el desafío que tenemos de fomentar el desarrollo, la equidad social y el bienestar social. No se trata de ser imparcial (de hecho, es imposible serlo), mucho menos de pretender una imparcialidad que no se posee.

El objetivo debe ser la mayor objetividad posible, la autenticidad, la ecuanimidad y la transparencia en las actuaciones como profesional, sin tener que llegar a negar las legítimas simpatías partidarias. La aspiración debe ser la construcción de un valladar para la contaminación progresiva y pestilente de la ciencia debido a la humareda que expelen aquellos que trafican con la política mediante el contrabando del método científico, transitando a hurtadillas por las avenidas de la ignorancia de aquellos que les han erigido como sus referentes. La ética primero, la verdad ante todo.

Ángel Bello

Ángel Bello

Psicólogo y consultor en Capacitación. Maestría en Gerencia y Productividad. Profesor de la Universidad Católica Santo Domingo.

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