La extorsión se ha convertido en una práctica a la recurren de manera frecuente hombres o mujeres para chantajear u obtener un rescate o pago de una persona, empresa o institución, bajo la amenaza de dañar reputaciones, moral, no devolver bienes o causar daños familiares.
Así la definieron tres analistas de la conducta humana, que hablaron del tema la noche de este jueves en el programa Entre Adultos, que conduce el psicólogo y catedrático universitario Eladio Hernández por la Z101.3 FM.
Gamalier Del Rosario, Maikol Díaz y Geury Rosario, psicólogos clínicos, destacaron que los individuos dedicados a la extorsión utilizan diversas modalidades, trucos y engaños para chantajear y lograr sus objetivos.
Geury Rosario dijo que se habla de extorsión cuando se hace referencia a secuestros, chantajes, simulación de eventos de circunstancias delictivas, para obtener un pago, trueque o beneficio económico, apropiarse de bienes o por satisfacción individual, aprovechándose de la debilidad, momentos y situaciones de otras personas o empresas.
Citó de ejemplo, el robo de una pasola, un vehículo, celular o bienes que sustraen y luego llaman a los dueños para exigirles un rescate o beneficio económico.
Para Gamalier Del Rosario la extorsión es una acción cometida o simulación de un evento trágico o de beneficio de alguien para exigir dinero o favores a cambio de la devolución de un bien o de entrega una supuesta premiación o influir para que se logre un supuesto beneficio.
Explicó que el chantajista acostumbra a crear y utilizar diversos mecanismos para obtener beneficios de otra persona.
Sostuvo que el extorsionador actúa en cualquier lugar o momento y siempre está alerta y presto a identificar sus víctimas para cometer su fechoría.
Maikol Díaz define al extorsionista como un individuo simulador, chantajista, con cierto conocimientos de manipulación, con capacidad de estudiar al otro y determinar la manera que lo engañará para obtener dinero o satisfacción.
Expuso que la manipulación se ha puesto muy en práctica en los últimos años en el país y ha sido impulsada mediante el uso de las redes sociales, a través de las cuales identifican el perfil de las personas, hacen amistad por esa vía y luego buscan ganarse la confianza mientras planifican cómo cometer su extorsión.
Manifestó que ese individuo logra saber de tu condición económica, vínculo social, urga en la intimidad y la familia, identifica amigos y lugares de visita.
Además, toma fotografías y llega en ocasiones a influir simulando un atractivo romántico o sexual para luego cometer el chantaje.
Advirtió que las redes son una herramienta muy peligrosa y cuestionó que no se está orientando bien a los usuarios en torno a su adecuado uso.
Geury califica al extorsionador como un “velador”, mientras Eladio Hernández lo estima “una persona sumamente inteligente que aplica inteligencia”.
Los cuatro profesionales expusieron los diversos mecanismos y modalidades que utilizan los extorsionadores para beneficiarse o sentir una satisfacción de afectar a la otra persona.
Alertaron que hay extorsionadores difíciles de detectar porque son extranjeros que operan desde diferentes países y que en la República Dominicana hay un alto número de extorsionadores que usan las redes, la vía telefónica o mediante robos de bienes.
Los casos más frecuentes de extorsiones son cometidos por mujeres, según afirmaron, pero también pueden ser cometidos por agentes policiales y autoridades, dependiendo de las circunstancias que se presenten y el tipo de persona contra la cual actúan.
Afirmaron que también hay psicópatas que se dedican a la extorsión, que son capaces hasta de realizar fotomontajes fílmicas o fotográficos para dañar personas u obtener dinero con el chantaje.
Díaz agregó que hay hasta quienes se hacen pasar por pastores o evangelistas para obtener dinero de personas, empresas o instituciones, hasta de los miembros de iglesias.
Alertaron que sus víctimas tienden a ser personas de las cuales identifican que tienen las condiciones económicas para lograr su objetivo.
Expresaron que los extorsionadores desarrollan habilidades y realizan investigaciones de campo para saber a quién extorsionar y de qué forma. Muchos operan desde las cárceles.
Señalaron que hay personas con trastornos mentales que cometen acciones por maldad, intencional, pero no exigen dinero, sino que pueden suministrar informaciones a otras personas con fines dañinos o por una satisfacción personal de hacer daños.
Gamalier dijo que el extorsionador no siente remordimiento y emplea todo tipo de mecanismo para lograr su objetivo, a la vez cree que nunca caerá preso o entiende que con sus acciones no comete delito alguno.
Exhortaron a los ciudadanos a exponerse ante las redes sociales, tener cuidado con los hijos y la familia y orientarlos al respecto y sobre eventuales acciones de esos individuos y bandas dedicadas a esas prácticas.
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