Médicos

Un solo examen, una sola regla: la deuda pendiente de las subespecialidades médicas en República Dominicana

lunes 13 abril , 2026

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Yotin Pérez | Foto: Fuente externa

Se acerca uno de los momentos más determinantes para la vida profesional de un médico en República Dominicana: el concurso de residencias médicas. Miles de aspirantes ya se han sometido al examen único nacional, un instrumento que, con sus virtudes y limitaciones, ha logrado sostener algo esencial en cualquier sistema formativo: reglas claras para todos. No importa la universidad de procedencia, ni el hospital de origen. El punto de partida es el mismo.

Ese modelo, construido por las facultades de medicina del país y articulado bajo la rectoría del Ministerio de Salud Pública y el Consejo Nacional de Residencias Médicas, no es un detalle menor. Es una conquista institucional. Es la demostración de que, cuando hay voluntad, el sistema puede organizarse en torno a la equidad, la transparencia y la meritocracia.

Sin embargo, inmediatamente después de ese proceso, el sistema se fractura.

Cuando llega el momento de aspirar a una subespecialidad, esa lógica desaparece. El médico deja de competir bajo un esquema unificado y entra en un terreno disperso, donde cada escuela establece su propio examen, sus propios criterios y sus propios tiempos. Lo que antes era un proceso nacional estructurado, se convierte en múltiples procesos paralelos.

La consecuencia es evidente, pero pocas veces se discute con la profundidad que merece. Un mismo aspirante puede presentar varios exámenes para una misma subespecialidad, obteniendo resultados distintos en cada institución. Puede reprobar en una, aprobar en otra, destacar en una tercera. Y entonces surge una pregunta que el sistema actual no responde con claridad: ¿cuál de esos resultados es el válido para fines de concurso?

Más aún, ¿cómo se justifica que un aspirante que no alcanza el umbral en una escuela pueda, sin embargo, acceder por otra vía, mientras otro, con mejor desempeño global, queda desplazado? Este tipo de distorsión no es hipotética. Ya ha ocurrido. Y mientras el sistema lo permita, seguirá ocurriendo.

En áreas como ginecología, esta fragmentación es particularmente evidente. En ginecología oncológica, múltiples centros formadores —Hospital Materno Infantil San Lorenzo de Los Mina, INCART, Hospital Dr. Salvador B. Gautier (Heriberto Pieter), Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia y Maternidad de Santiago— aplican evaluaciones independientes. Lo mismo sucede en endocrinología ginecológica y en medicina materno fetal, donde coexisten programas con mecanismos de admisión no estandarizados.

No se trata de cuestionar la calidad de las instituciones. Se trata de cuestionar la coherencia del sistema.

Lo interesante es que el país ya ha demostrado que puede hacerlo mejor. Subespecialidades como neonatología y gastroenterología han avanzado hacia esquemas de evaluación unificada. Es decir, no estamos frente a una imposibilidad técnica. Estamos frente a una oportunidad pendiente.

La propuesta es tan lógica como necesaria: un examen único nacional para el ingreso a subespecialidades médicas. Un instrumento construido de manera conjunta, bajo la rectoría del Ministerio de Salud Pública y el Consejo Nacional de Residencias Médicas, con participación de las universidades y el acompañamiento del Colegio Médico Dominicano.

Pero esta propuesta no implica desplazar a las escuelas. Todo lo contrario. Las fortalece.

El examen único debe funcionar como filtro académico nacional, estableciendo un umbral mínimo —por ejemplo, la puntuación de corte de 80 puntos— que garantice que todos los aspirantes compiten desde un estándar común. A partir de ahí, cada programa formador mantiene su rol mediante la entrevista, tal como ocurre en el concurso de residencias médicas.

Esa entrevista no es un trámite. Es un espacio legítimo de evaluación cualitativa. Permite valorar competencias que un examen escrito no capta: pensamiento clínico, comunicación, actitud, vocación, madurez profesional. Y, como ya sucede, puede y debe tener una ponderación en el resultado final del concurso.

Este modelo equilibra dos principios fundamentales: igualdad en el punto de partida y autonomía en la selección final.

Además, resuelve de raíz las distorsiones actuales. Evita la multiplicidad de resultados incongruentes, elimina la incertidumbre sobre cuál calificación prevalece y reduce la carga económica y logística de los aspirantes. Sobre todo, devuelve al sistema algo que hoy está comprometido: la percepción de justicia.

El momento para plantearlo es ahora. Cuando el país mira hacia el concurso de residencias médicas, cuando miles de médicos viven la tensión de competir, cuando el sistema demuestra que puede organizar procesos masivos con reglas claras. Es precisamente en ese contexto donde la incoherencia de las subespecialidades se vuelve más evidente.

Este no es un reclamo aislado. Es una invitación al debate dirigida al Ministerio de Salud Pública, al Consejo Nacional de Residencias Médicas, al Colegio Médico Dominicano, a las universidades, a los jefes y directores de enseñanza, y a los coordinadores de programas.

No se trata de cambiar por cambiar. Se trata de alinear. De evolucionar. De corregir una asimetría que ya no tiene justificación en un sistema que ha demostrado capacidad de organizarse.

El país ya construyó el modelo. Ya lo validó. Ya lo sostiene cada año con miles de aspirantes.

La pregunta, entonces, no es si podemos hacerlo en las subespecialidades.

La pregunta es: ¿qué estamos esperando?

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Dr. Yotin Ramón Pérez

Doctor en Medicina egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, postgrado en Obstetricia y Ginecología en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas. Profesor de Simulación Obstétrica en Intec. Diplomado en Gerencia y Gestión hospitalaria.

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