El presidente Donald Trump ha demostrado en una publicación de 74 palabras en redes sociales que puede actuar de manera decisiva, repentina y quizá temeraria para alcanzar sus diversos y cambiantes objetivos de política exterior, con escasa consideración por los precedentes, las consecuencias o, al parecer, el derecho internacional.
La operación para sacar al presidente de Venezuela Nicolás Maduro y a su esposa de su ubicación fuertemente custodiada en Caracas para, presumiblemente, enfrentar al sistema judicial estadounidense sigue un patrón predecible, aunque extremo, para lo que Estados Unidos considera un fugitivo, con una recompensa de US$50 millones por su captura.Pero hay una grave excepción: Maduro es un jefe de Estado, cuyo país es centro de múltiples objetivos políticos estadounidenses en curso. Más allá de lo que digan las acusaciones, esto siempre se percibirá como algo político.
Las sucesivas administraciones de la Casa Blanca han querido remover al régimen venezolano, de tendencia izquierdista, pero autocrático y en ocasiones violento, ya sea por la lucha contra el narcotráfico, por su petróleo o por la alineación regional.
El segundo mandato de Trump promovió como elemento clave de su justificación poner fin al papel de Maduro como presunto cabecilla de una vasta red regional de narcotráfico. Pero se topó con una paradoja al sugerir que Maduro simplemente dejará el poder: no podía ser al mismo tiempo el gran capo y un hombre que pudiera abandonar su cargo de un momento a otro.
Pero hay una grave excepción: Maduro es un jefe de Estado, cuyo país es centro de múltiples objetivos políticos estadounidenses en curso. Más allá de lo que digan las acusaciones, esto siempre se percibirá como algo político
Las sucesivas administraciones de la Casa Blanca han querido remover al régimen venezolano, de tendencia izquierdista, pero autocrático y en ocasiones violento, ya sea por la lucha contra el narcotráfico, por su petróleo o por la alineación regional
El segundo mandato de Trump promovió como elemento clave de su justificación poner fin al papel de Maduro como presunto cabecilla de una vasta red regional de narcotráfico. Pero se topó con una paradoja al sugerir que Maduro simplemente dejará el poder: no podía ser al mismo tiempo el gran capo y un hombre que pudiera abandonar su cargo de un momento a otro.
