El tema migratorio se ha convertido en un punto de tensión entre el papa León XIV y el gobierno del presidente Donald Trump, así como al interior de la propia comunidad católica en Estados Unidos, a raíz de las críticas del Pontífice y del episcopado estadounidense a las deportaciones masivas impulsadas por la actual administración.
Desde su elección en mayo, el Papa —de origen estadounidense— ha manifestado en varias ocasiones su preocupación por el trato dispensado a los migrantes en territorio norteamericano. En noviembre, llamó a una “profunda reflexión” sobre la política migratoria y recordó un pasaje del Evangelio de Mateo, en el que Jesús plantea como criterio final el modo en que se acoge al extranjero.
La postura papal encontró respaldo institucional una semana después, cuando la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) emitió un inusual “Mensaje Especial” expresando su inquietud por la situación de los inmigrantes. En el documento, los obispos advirtieron sobre un “clima de miedo y ansiedad” y manifestaron su rechazo a las deportaciones “masivas e indiscriminadas”, además de condenar la retórica deshumanizante y la violencia.
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Se trató de una intervención poco común: la primera declaración de este tipo emitida por la USCCB en más de una década. El Papa calificó el pronunciamiento como “muy importante” y exhortó tanto a los católicos como a las “personas de buena voluntad” a prestar atención a su contenido.
Desde la Casa Blanca, las reacciones no se hicieron esperar. El zar de la frontera, Tom Homan, católico practicante, afirmó que la Iglesia “se equivoca” y sugirió que sus líderes deberían concentrarse en asuntos internos. En la misma línea, la portavoz presidencial Karoline Leavitt rechazó comentarios del Pontífice que, a su juicio, insinuaban que la política migratoria estadounidense era inhumana y contraria a valores provida.
El debate también refleja divisiones dentro del electorado católico. Un estudio reciente del Public Religion Research Institute revela que cerca del 60 % de los católicos blancos aprueba la gestión migratoria de Trump, mientras que entre los católicos hispanos —que representan alrededor del 37 % de la población católica del país— el respaldo cae a cerca del 30 %.
En este contexto, figuras del catolicismo conservador han ganado protagonismo político, como el senador JD Vance, convertido a la fe católica, quien sostiene que sus creencias influyen en su visión política. Aunque ha defendido la legalidad de las actuales medidas migratorias, también ha reconocido la necesidad de no perder de vista la humanidad de quienes viven en situación migratoria irregular.
