Eco mediático Esmerarda Montero

Televisión ¿pública?

lunes 15 octubre , 2018

Creado por:

Esmerarda Montero | Foto: Mairobi Herrera

Artículo basado en los resultados de mi investigación de tesis doctoral titulada “La espectacularización en los informativos televisivos de prime time: estudio comparativo entre la República Dominicana y España”

En enero de 1952 José Arismendy Trujillo Molina, hermano del entonces dictador José Rafael Leónidas Trujillo, funda la televisión como parte de la Corporación Estatal de Radio y Televisión que había sido iniciada en la ciudad de Bonao en 1942 con la creación de Radio Yuna. El medio perteneció a la familia Trujillo hasta ser confiscada por el Estado en 1963 tras la caída del régimen, hecho que marcó un antes y un después en la televisión dominicana.

La incorporación de la televisión representó una fuente de progreso para el país. Artistas, locutores y productores internacionales desfilaron por el Palacio de la Televisión Nacional, espacio que albergaba La voz dominicana, primera estación oficial de radio y televisión del país.

Fruto de haber nacido en medio de una dictadura y estar controlada directamente por la familia Trujillo, la primera planta de televisión dominicana es un instrumento más del poder, y habría que esperar hasta el surgimiento de las televisiones privadas y a la transición democrática para contar con cierta diversidad de opinión en la televisión.

Esta institución ha cambiado de nombre en reiteradas ocasiones. Pasó a llamarse Santo Domingo Televisión en 1963, Radio Televisión Dominicana (RTVD) en 1965, en 2003 se le cambió el nombre nuevamente a Corporación Estatal de Radio y Televisión, y en 2014 Canal 4RD. Actualmente, el conglomerado posee tres emisoras de radio y un segundo canal, que apenas tiene audiencia y cuyos espacios son enlatados.

En sus inicios, Canal 4RD no arrendaba espacios a terceros, tampoco emitía programas de panel o entrevistas. En la época dictatorial la programación estaba dirigida en mayor parte a encumbrar al régimen. La televisión estaba a su entera disposición. Era habitual que aparecieran funcionarios del gobierno proclamando las virtudes del sistema establecido, mientras que la censura era extrema, la publicidad era casi inexistente y la poca que se pautaba era de empresas pertenecientes a los Trujillo.

Tras el ajusticiamiento del tirano se promovió cierta apertura política, lo que permitió la entrada de programas de entrevistas de opinión crítica. Posteriormente se asentaron las bases legales que regirían la emisora, según establece la Ley 134-03, tras estos hechos era de esperarse que esta televisora se desarrollara de forma saludable, ¿o no?

Los investigadores Moragas y Prado (2000) definen el repertorio de funciones que se atribuyen a la televisión pública entre las que se encuentran que esta debe proporcionar garantías democráticas que defiendan el pluralismo, estimular la participación política de la ciudadanía, Avivar la cultura, la función educativa, el bienestar social, el equilibrio territorial, ser motor de la industria audiovisual entre otras tantas (Montero Esmerarda, 2018).

Cuando hablamos de televisión pública nos referiremos efectivamente a que esta es de origen estatal, que debe ser sustentada por el ejecutivo, con los fondos de los contribuyentes, o sea nosotros, el pueblo y que por ende se debe a toda una nación, significa que debe atender a los intereses de todos y todas, tener contenidos homogéneos y equilibrados, que represente las sensibilidades, la cultura y las inquietudes de la sociedad a la que pertenece.

“Estas funciones podrían resumirse en la apertura a un amplio abanico de variedades en la programación donde prime la calidad, los contenidos educativos y de entretenimiento capaz de interesar al público, buscando no sólo complacer a las mayorías, dentro de un entorno de equilibrio territorial con una apuesta fuerte por la producción nacional,  asegurando la pluralidad en el alcance de los públicos a estos contenidos, con una línea que permita identificar de forma clara los valores que se buscan transmitir” (Montero Esmerarda, 2018).

Como otras tantas cosas en nuestro país, esta sociedad nunca ha tenido la televisión pública que merece, han pasado varias décadas y gobiernos, y esta parece suspendida en el tiempo, como la sombra de un fantasma que, aunque materialmente muerto se niega a desaparecer del todo, pero sin posibilidad de avanzar.

Para muestra un botón. El canal estatal siempre ha estado sujeto a las gestiones de los gobiernos del país, que no han optado por explotar de forma eficiente las potencialidades de la emisora. No se ha contado con una estrategia sostenida que le permita calar en el público por lo que al día de hoy no es un referente en el país, ni en su labor informativa, ni de entretenimiento. A pesar de ser la televisión pionera se mantiene por detrás de las demás cadenas del país, tanto en infraestructura como en inversión publicitaria y competencia programática.

En los últimos años, la Corporación de Radio y Televisión Dominicana (CERTV) ha dirigido su estrategia a la digitalización de transmisores. A pesar de ello, el canal no cubre todavía íntegramente el territorio nacional, las instituciones gubernamentales usan esta vía para difundir las informaciones oficiales. La corporación posee un sitio web donde agrupa información sobre los canales y emisoras que tiene, pero más allá de su misión, visión, valores y una exigua nota sobre la historia de la corporación y el canal que abarca hasta el año 1963, léase que el canal se fundó en 1952, no se encuentra información relevante.

En tanto los ítems de la página, están dedicados a noticias sobre la Presidencia de la República y las labores gubernamentales.

Por igual, en su línea de programación el canal estatal se acerca más a una empresa de relaciones públicas del gobierno que a un canal estatal con una misión social. Al intentar contactar para obtener información sobre la institución nos encontramos con un material desactualizado del siglo pasado, de escasas páginas que no da mayor información que la que aparece en su sitio web.

La corporación no solo no cuenta con informes externos sobre su funcionamiento, sino que como empresa tampoco ha habido iniciativas de registrar y actualizar su historia y dinámicas de funcionamiento con datos sólidos.

Dicho todo lo anterior, dejo una pregunta al aire: ¿La televisión “pública” y de calidad pa’ cuando?


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Esmerarda Montero

Esmerarda Montero

Doctora internacional en Comunicación Social egresada de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV-EHU). Investigadora. Columnista. Profesora del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC).

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