Por: Esmerarda Montero Vargas (Magíster en Comunicación Social. Investigadora predoctoral del Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV-EHU)
La semana pasada tratamos sobre la forma en que las redes han cambiado el mundo, esta vez hablamos de internet como una herramienta capaz de tomar el pulso de la población. En esa línea los investigadores José Candón Mena y Lucía Benítez-Eyzaguirre (2016) plantean: “La tecnología nace de un contexto social e influye en la misma sociedad en la que surge. Si esto es cierto en general, resulta aún más evidente para las tecnologías comunicativas, ya que el lenguaje y la comunicación son la base de la sociedad humana y, por tanto, no solo transforman el campo de lo social sino que están en la esencia de la creación nuevos derechos de la comunicación y políticos”.
- Lee también: Cuidado con lo que dices en redes sociales
Por lo tanto, las tecnologías -cada una en el contexto en que nacen- son a la vez el fruto y el complemento de su época; y en la medida en que se usan crean nuevos espacios de opinión, debates y derechos, siendo más notoria su influencia, cuando dicha tecnología se relaciona con alguna forma de comunicación, así en esta era de conexión global, en internet surgen sistemas de aprobación y censura, rituales sociales colectivos como los memes y las parodias.
Partiendo de esta idea, las redes no solo han cambiado la socialización del conocimiento, sino la forma en que se puede exponer y analizar la opinión pública. Históricamente, en la República Dominicana, la comunicación gobierno-ciudadanía se ha basado en muchas ocasiones en la manipulación de la opinión mediante campañas y discursos, que se reforzaban a base de dádivas, repetición infinita de una determinada consigna, y un escándalo que tapa a otro, hasta que la verdad se pierde en un mar de informaciones contradictorias.
En pleno 2018 hemos asistido a una rendición de cuentas que desde el punto de vista estructural es un discurso tesis-demostración, sustentado con palabras claves como heroísmo, valentía y perseverancia, que buscan encontrar simpatía en esa parte emocional de la dominicanidad que se ve reforzada con la conmemoración de la independencia.
Un discurso en el que, si se lee entre líneas, subyace la “necesidad” de continuismo del orden político actual, ya que se articulan, primero los logros, que se exponen haciendo uso estratégico de estadísticas, tocando temas claves como el surgimiento de la clase media, acceso a créditos para las pymes, una pobreza que según se ostenta desciende de un 39.7 % a 25.5 %, más la cifra de 1.200 millones de personas que “salieron de la pobreza”, modernización vial, subida salarial, y una muy resaltada “eficiencia en el manejo del gasto público”, inversión en educación, crecimiento del turismo y la inversión extranjera, que sumado a la publicación de todas las obras construidas por el gobierno en todos los periódicos nacionales crea un discurso sólido y triangulado.
Por igual, hayamos en la estructura de la disertación elementos que pretenden minimizar las opiniones adversas al gobierno, al hablar de “no buscar culpables”, de contemplar las cosas con “una mirada limpia y desprejuiciada” para acercarse al final con promesas para el 2018, dejando clara la necesidad de “no parar” y seguir llevando a cabo las labores anunciadas, para llegar a un cierre con broche de oro que habla de orgullo nacional y de la esperanza de seguir creciendo. Aspectos que recurren a la emoción, mediante esquemas fijos en la población como el amor patrio y la esperanza de un futuro luminoso, el estímulo y promesa más antiguos de la política latinoamericana.
El presidente tuvo a su disposición los ojos y oídos del país durante 2 horas y 10 minutos, y los empleó para dibujar un país con un crecimiento ideal, con unas políticas perfectas, en una alocución que deja más información en lo no se menciona, que en lo que se expone.
Lo más elemental de lo no citado es que obviamente este discurso pide más tiempo. Sí, más tiempo en el Gobierno para realizar lo que “queda por hacer” en lo que Medina llama “años siguientes”, ¿cuántos?
Ahora bien, ¿qué dice internet de este paraíso del edén? La red casi de forma inmediata se vio invadida por un aluvión de memes tragicómicos, que dejaban bastante claro que lo expuesto por Medina dista considerablemente de lo que la población percibe, y aunque puedan parecer algo simple o burlesco, estas expresiones ya sean hilos de Twitter, comentarios en Facebook, memes o parodias, son un enunciado puro y espontáneo del sentir de la sociedad, algo con lo que los políticos de antaño no tenían que lidiar.
Después de haber hecho un pre tex para este artículo hemos hallado que los temas más socorridos en estas expresiones en la red fueron:
- Incredulidad
- Corrupción
- Desatención al tema fronterizo
- Burla general hacia el planteamiento de medina
Lo que hace surgir la pregunta siguiente: ¿Cómo es posible que tanto “crecimiento y estado de bienestar” puedan estar justificados con las cifras que ofrece el Gobierno y que, a su vez, el grueso de la población exponga que no reconoce ese país que se dibuja?
Más allá de encuestas o sondeos de percepción, los y las dominicanas se han expresado y lo han hecho de forma libre y espontánea, y sin darse cuenta este universo de comentarios, parodias y memes crean una valiosa fuente de estudio, que más allá de políticas y pasiones permite ver cómo se siente realmente la gente.
Dicho esto, los políticos y la ciudadanía tienen mucho trabajo por delante, es necesario que ambos colectivos reflexionen sobre este desencuentro, ya que, por un lado la época de tapar el sol con discursos ha pasado; por el otro, no bastará con usar internet y expresar el sentir, será necesario más que nunca un activismo social responsable y la toma de decisiones desde la razón en épocas de elecciones.
Z Digital no se hace responsable ni se identifica con las opiniones que sus colaboradores expresan a través de los trabajos y artículos publicados. Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción total o parcial de cualquier información gráfica, audiovisual o escrita por cualquier medio sin que se otorguen los créditos correspondientes a Z Digital como fuente.