A menudo escuchamos que el mundo ha cambiado a raíz de la digitalización, a principios de los 2000 en las redacciones comenzaba asomarse un fantasma de las navidades futuras que ocasionaba escalofríos, el temor por el cambio de un modelo de negocio que ya estaba instituido con unas reglas claras, el diarismo era la forma más eficiente de actualidad noticiosa.
La credibilidad era la torre de la profesión y esta se asociaba a personas de larga data en el mundo del periodismo y la investigación, las masas seguían medios conocidos y se dejaba “guiar” por la opiniones que emitían las figuras socialmente autorizadas por esa aura casi sacrílega que envolvía a estas figuras.
Los medios digitales democratizaron las opiniones, repartieron la capacidad de emitir las informaciones y replicarlas casi por igual, hasta ahí todo bien, a medida que pasó el tiempo los medios tradicionales se adaptaron al sistema y han convertido las redes y el escenario digital en una parte de su terreno de juego, pero esta adaptación nos trajo más cosas.
La inmediatez sustituyó a la credibilidad, hoy en día es más importante decirlo primero que contarlo con certeza, publicar primero, investigar después, una consecuencia de la competencia feroz por la atención de los públicos, que no permite que las informaciones reposen o se contrasten en muchos casos.
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La imagen vence al análisis, quien sea capaz de grabar un contenido más allá de calidad de encuadre o contexto se queda con la atención, como resultado cada quien saca sus propias conclusiones a falta en muchos casos de contexto y análisis.
Los medios se multiplican de forma vertiginosa, facilidad de emisión y creación de nuevas plataforma permite que cada individuo sea un medio en sí mismo, esta gran cantidad de medios crea dispersión de la atención aunque puede ser enriquecedor para el contraste.
La calidad de la redacción ha descendido, puede que en parte por la rapidez, o por un asunto de formación, a menudo, las versiones digitales de los medios exponen contenidos muy mejorables desde el punto de vista de la redacción, no solamente desde el punto de vista de la gramática o la sintaxis, sino en materia de contenido y profundidad.
En conclusión, una vez que nos hemos adaptado al mundo digital, en materia de herramientas y formato, es hora de recuperar la calidad, tomando en cuenta que no se trata solo de captar la atención sino de retenerla, de generar capacidad de análisis en la audiencia y el conocimiento de los hechos narrados.
El periodismo no es un espectáculo, ejerce una función social que está llamada a fortalecer la democracia.
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