Psicología y política: el PLD y Gonzalo Castillo

martes 12 noviembre , 2019

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Foto: Ángel Bello

Algunos lo llaman “el delfín”, haciendo un paralelo con aquel título nobiliario que durante los siglos XIV y XIX se utilizaba para designar al príncipe heredero del trono francés. Otros, motivados por su estilo casual de vestir, lo identifican como “el candidato de las mangas cortas”. Pero no faltan quienes, en tono despectivo, optan por hablar de “el penco” cuando se refieren a él, satirizando el calificativo utilizado por el presidente Medina cuando lo llamó de esa manera pretendiendo, por lo contrario, ensalzar sus virtudes.

Lo cierto es que, independientemente de cómo usted prefiera llamarle, Gonzalo Castillo, el candidato presidencial del Partido de la Liberación Dominicana, se ha convertido en uno de los principales temas de conversación en los diferentes círculos sociales. Las razones son varias, entre ellas el hecho incontrovertible de que se trata de un candidato presidencial, nada más y nada menos.

Sin embargo, son sus competencias (para algunos tan solo un “estilo”) de comunicación las que le han otorgado protagonismo público.

El aspirante presidencial, durante múltiples intervenciones, además de tan solo presentar como fortaleza de su propuesta la continuidad de las acciones emprendidas por el primer mandatario, ha evidenciado ciertas debilidades en el orden de la efectiva comunicación de las ideas y propuestas que sustentan su candidatura.

En ese tenor, podríamos, por citar tan solo una muestra, el haber confundido el 4 % del PIB destinado a la cartera educativa con el 50 % del presupuesto anual de la nación. Además, ha manifestado dificultades para hacer abstracciones, así como también falta de concordancia cuando se trata de expresar las relaciones entre dos o más conceptos.

Algunos críticos de Castillo comparan su desempeño comunicacional con el del expresidente Hipólito Mejía, sin embargo, el símil resulta desafortunado. Esto así, porque el hándicap del derrotado precandidato perremeísta consiste básicamente en verborrea y fuga de ideas.

El candidato morado, no obstante, presenta un cuadro cognitivo que revela cierta dificultad para articular ideas y elaborar conceptos de manera tal que puedan ser formulados en una propuesta electoral concreta y coherente. Se trata de dificultades psicolinguísticas que se traducen en la inobservancia descomunal de reglas morfológicas, semánticas y sintácticas propias de nuestro sistema gramatical.

Como puede apreciarse, esta situación representa un verdadero desafío para el Gobierno, puesto que esto podría torpedear el posicionamiento de Gonzalo Castillo durante los precarios meses con que cuenta la campaña electoral, donde las exposiciones públicas constituyen una de las principales estrategias.

En todo caso, el discurso que Castillo ha sostenido hasta el momento, minimizando sus desatinos verbales con la afirmación de que un líder no es aquel que habla “bonito”, sino el que trabaja, aunado a la imagen de frugalidad y humildad que sus esfuerzos de marketing han venido desplegando, podrían revertir los efectos negativos de las referidas deficiencias.

En especial, frente a un Leonel Fernández que tampoco ha presentado su nueva plataforma de cara a su posible Gobierno, hallándose empantanado en la incertidumbre de su eventual candidatura a tan escaso margen de las elecciones, y un Luis Abinader con una oferta electoral que aún no logra enganchar de manera contundente.

Como consecuencia, los futuros sondeos de opinión por parte de las firmas encuestadoras de mayor reputación podrían darnos una “penca” sorpresa.


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Ángel Bello

Ángel Bello

Psicólogo con especialidad en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.

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