Cacique y presidente PRM

Luis Abinader, bajo la espada de Damocles

lunes 24 febrero , 2020

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Foto: Amaury Pineda

Cuenta la fábula que Damocles era un cortesano en la corte del tirano Dionisio II de Siracusa, quien alabó a Dionisio por lo envidiable de su posición, lujo y admiración. A esto, Dionisio respondió proponiendo a Damocles cambiar de lugar por un día para que éste pudiera probar en carne propia la fortuna de estar en el trono y Damocles accedió enseguida. Sin embargo, el tirano ordenó colgar una espada sobre el trono pendiente de un solo pelo de cola de caballo. Por un momento, Damocles se sintió maravillado de estar en el trono, pero al percatarse de la espada que colgaba sobre él, pidió de inmediato volver a su lugar y abandonar el poder.

La espada representa el peligro constante que asedia al que se encuentra en una posición de liderazgo y pienso que el candidato a la presidencia por el Partido Revolucionario Moderno Luis Abinader podría convertirse en el Damocles 2020. El hecho de que todas las encuestas que gozan de prestigio en el país colocan a Abinader en primer lugar en intención de voto, sumado a que después del pasado fiasco electoral una gran parte de la población ha demostrado mayor repudio hacia el Partido de la Liberación Dominicana, es confiable predecir que Abinader está a meses de convertirse en el próximo presidente de la República.

No obstante, las expectativas que atesoran muchos dominicanos sobre el próximo gobierno son muy distintas a las que enfrentaron Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina. Primero, el gobierno de Fernández de 1996 solo tuvo que enfocarse en desarrollo económico y tolerancia política para superar los gobiernos de Balaguer que se caracterizaron por represión y elecciones fraudulentas. Así, entiendo que la corrupción de ese gobierno no opacó del todo a proyectos de modernización como el ITLA, la instalación de aulas de informática en escuelas públicas y la celebración de elecciones más transparentes en el 1998 y el 2000.

Segundo, el gobierno de Mejía solo tuvo que concentrarse en el campo y deshacer la privatización. Muchas obras del gobierno de Fernández como los elevados, túneles y el infame bulevar de la avenida 27 de Febrero crearon la idea de que el gobierno había olvidado el campo. Además, la privatización de muchas empresas, incluyendo el sector eléctrico fueron negocios que dejaron mucho que desear. Todo esto, sumado a la crisis bancaria y el atentado del 11 de septiembre mermaron en cierta medida el impacto mediático de los escándalos de corrupción de ese gobierno.

Y, tercero, después de la crisis económica que atravesó el país (2003-2004) Fernández fue recibido con bombos y platillos. Las payasadas de Mejía y su fallido intento releccionista, hicieron de Fernández un candidato idóneo para representar la República dignamente. Sin embargo, la compra de los Súper Tucano, el contrato con la Sun Land Corporation, el astronómico enriquecimiento de Víctor Díaz Rúa y Félix Bautista, entre otros casos de corrupción, eclipsaron las luces de sus gobiernos, y, así, es a Medina quien le toca presentarse como el candidato de la trasparencia en el 2012.

Medina conquistó el apoyo de los dominicanos al venderse como un líder serio y desinteresado. “Un periodo y para mi casa”, “hasta por el rumor público interpelare a mis ministros” y “El presidente que busca la reelección tiene que tragarse un tiburón en descomposición” eran alguna de las frases que Medina utilizó para hacer creer a la población que él no reformaría la Constitución para reelegirse, que perseguiría la corrupción y que no permitiría que ninguno de sus ministros se aprovechase de sus puestos para enriquecerse.

Desgraciadamente, Medina le falló al pueblo en sus promesas sobre transparencia. Al igual que Fernández y Mejía, él se embarcó en la construcción de obras y crecimiento económico con aumento de la deuda pública. Las plantas a carbón, la venta de Los Tres Brazos, el caso OMSA, OISOE, CEA, CORDE son ejemplos de la corrupción rampante característica de sus periodos. Sí, es cierto que su mandato tiene mejoras como el sorteo de obras, la implementación del 4 % para la educación, la extensión del metro, etc. mas, las secuelas de la corrupción dejan una mancha indeleble en todas estas acciones.

Por otra parte, tanto la encuesta Gallup-Hoy como Latinobarómetro (2019) indican que más del 60 % de los dominicanos creen que los niveles de corrupción en el país son alarmantes. Por tanto, pienso que el tradicional “borrón y cuenta nueva” no son una opción para Abinader. En esta ocasión, entiendo que las expectativas de una gran parte de la población van más allá de un simple cambio de rostros en el gobierno. Creo que son muchos los que esperan ver que la justicia aplique a todos por igual.

Sin embargo, no puedo ocultar mi escepticismo sobre lo que realmente pueda hacer Abinader de ser electo. ¿Se investigarían las sobrevaluaciones en las obras de Odebrecht? ¿Se perseguiría a los políticos corruptos del pasado gobierno? ¿Por fin sabremos los nombres de los congresistas que recibieron sobornos de la infame empresa brasileña? Personalmente, yo lo dudo. Creo que la corrupción en nuestro país es un cáncer que ha hecho metástasis a todos los órganos del cuerpo.

En una escena de la película “The Hurt Locker” (2008), se ve al Sargento William James (interpretado por Jeremy Renner) de la unidad de eliminación de municiones explosivas del ejército de EE. UU. que al desarmar una bomba se da cuenta de que ésta está atada a un montón de explosivos. Creo que esta es una analogía de como opera la corrupción en el estado dominicano. Es difícil perseguir a un político corrupto sin que esto no arrastre a muchos otros.

En el seno del PRM hay muchos exfuncionarios del gobierno PRD (2000-04). De hecho, la actual candidata a alcaldesa por el Distrito Nacional es la hija de Mejía y no podemos olvidar la estrecha relación de amistad entre éste y Medina. Y, para los que opinan que David Collado es quien realmente representa el cambio, recordemos que éste asumió la alcaldía del Distrito en el 2016 después de que Roberto Salcedo la manejara por 14 años y no hubo tan siquiera una investigación, una denuncia o una queja por parte de Collado sobre la gestión de su predecesor.

De todas formas, hay que dar a Abinader el beneficio de la duda. Espero que en vez de salir huyendo del trono, este líder use esa espada, que es la aspiración de los y las dominicanas por un gobierno diáfano, para cortar las profundas raíces de la corrupción y que empecemos de una vez por todas a poner fin a la impunidad que en severo atraso mantiene a nuestra nación.

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Amaury Pineda

Amaury Pineda

Candidato a doctor en ciencias políticas, Western Michigan University, EE.UU. Licenciado en Derecho, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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