Leonel Fernández

Leonel Fernández ante su principal desafío: derrotar la percepción política del oficialismo

jueves 21 mayo , 2026

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Leonel Fernández | Foto: Kelvin de la Cruz

El principal desafío de Leonel Fernández no parece estar hoy únicamente en el terreno electoral, sino en el campo mucho más complejo y determinante de la percepción pública. En política moderna, la percepción muchas veces termina imponiéndose sobre la realidad, y precisamente ahí es donde el oficialismo ha construido una de sus fortalezas más efectivas: instalar la idea de que el país marcha correctamente, aun cuando amplios sectores sociales sienten que su capacidad económica se deteriora día tras día.

El gobierno ha logrado articular, a través de encuestas y mecanismos de posicionamiento mediático, un relato de estabilidad y fortaleza política que no necesariamente coincide con la experiencia cotidiana de la población. Basta observar el comportamiento de productos básicos y de consumo frecuente. Una lata de café importado, ampliamente consumido por la clase media dominicana, pasó de costar menos de 500 pesos a bordear los 900, mientras los salarios permanecen prácticamente estáticos y el poder adquisitivo continúa erosionándose. Esa realidad no parece compatible con los niveles de aprobación y fortaleza electoral que reflejan algunos estudios de opinión.

Sin embargo, prácticamente todas las encuestas colocan al PRM y a sus principales figuras en posiciones de amplia ventaja, como si la inflación, la desaceleración económica y el endeudamiento no tuvieran impacto político. Ahí es donde emerge el verdadero debate: ¿estamos ante una fotografía fiel de la realidad social o frente a una sofisticada construcción perceptiva destinada a proyectar invencibilidad e invisibilizar a la oposición encabezada por Leonel Fernández?

El contexto internacional tampoco favorece el optimismo económico. La guerra entre Estados Unidos e Irán, el cierre del Estrecho de Ormuz y el consecuente aumento de los precios del petróleo han generado una espiral inflacionaria global. En Europa, varios gobiernos enfrentan un desgaste severo producto del aumento del costo de vida, abriendo espacio al crecimiento de fuerzas populistas y de extrema derecha. Históricamente, las crisis económicas debilitan a los oficialismos. Esa ha sido una constante política universal.

En República Dominicana, sin embargo, parece producirse una excepción llamativa. Sectores importantes de la economía muestran señales de ralentización. La construcción pierde dinamismo, el gasto de capital disminuye y la deuda pública ronda el 60 % del PIB. Son indicadores que normalmente provocarían desgaste político y malestar social visible. El propio profesor Juan Bosch sostenía que “como va la economía, va la política”. Esa lógica parece cumplirse en casi todas partes del mundo, menos en el escenario dominicano que dibujan ciertas encuestas.

Precisamente por eso, si Leonel Fernández pretende regresar al poder, su primera batalla no será electoral, sino narrativa. Tendrá que desmontar el cerco perceptivo construido alrededor del oficialismo y conectar directamente con las angustias reales de la sociedad. No bastará con discursos técnicos ni con estadísticas macroeconómicas. La oposición necesita convertir en narrativa política el malestar silencioso de los sectores populares y de la clase media.

Darles voz a los chiriperos que sienten las calles más vacías, a las amas de casa que ven cómo el dinero desaparece antes de terminar la semana, a la clase media atrapada entre hipotecas, colegios privados y préstamos de vehículos. Ahí reside el verdadero terreno de disputa política. Porque si la oposición no logra conquistar el imaginario social desde la cotidianidad del pueblo, el gobierno seguirá imponiendo un relato donde la percepción termine sustituyendo la experiencia real de la gente.

La política contemporánea ha demostrado que los gobiernos no solo administran recursos; también administran emociones, expectativas y narrativas. Y cuando una narrativa logra consolidarse, incluso las dificultades económicas pueden quedar parcialmente neutralizadas en la mente colectiva.

De ahí que el reto de Leonel Fernández no sea simplemente ganar una elección, sino convencer al país de que la realidad que vive en los hogares no coincide con el retrato optimista que proyecta el poder. Porque de lo contrario, podría imponerse una paradoja peligrosa: un pueblo cargando precariedades crecientes mientras se le convence, a través de la percepción, de que vive en estabilidad y prosperidad.

Como aquel viejo cuento popular sobre Cuba: alguien decía que nadie se acostaba sin cenar, hasta que una voz respondió: “Yo todavía no he cenado”. Y la respuesta fue: “Entonces no te acuestes”. Ahí precisamente radica el poder —y el peligro— de las percepciones en política.

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Fausto Montes de Oca

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