La vacuna nonavalente contra el VPH: el día en que la prevención del cáncer dio un paso adelante en República Dominicana

lunes 16 marzo , 2026

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Yotin Pérez | Foto: Fuente externa

Hace algunas décadas, una mujer dominicana podía llegar a una consulta ginecológica con sangrado irregular, dolor pélvico persistente o flujo fétido sin imaginar que detrás de esos síntomas se escondía un diagnóstico devastador: cáncer de cuello uterino.

Para muchas de ellas, ese diagnóstico significaba cirugías radicales, tratamientos oncológicos complejos o, en demasiados casos, una enfermedad detectada demasiado tarde.

Durante años, el cáncer cervicouterino fue considerado casi un destino inevitable para miles de mujeres en países de ingresos medios y bajos. Pero la medicina moderna cambió esa historia.

Hoy sabemos que prácticamente todos los casos de cáncer de cuello uterino están relacionados con infección persistente por el virus del papiloma humano (VPH). Y cuando una enfermedad tiene una causa clara, la prevención deja de ser una aspiración y se convierte en una posibilidad real.

Por eso, el anuncio realizado por el Ministerio de Salud Pública sobre la introducción de la vacuna nonavalente contra el VPH dentro del Programa Nacional de Vacunación no es un simple ajuste técnico dentro del esquema de inmunización.

Es, potencialmente, uno de los pasos más importantes que ha dado la República Dominicana en materia de prevención del cáncer.

Un virus común, un impacto enorme

El VPH es la infección de transmisión sexual más frecuente en el mundo. Se estima que la mayoría de las personas sexualmente activas entrarán en contacto con el virus en algún momento de su vida.

En la mayoría de los casos, la infección desaparece espontáneamente. Sin embargo, cuando la infección persiste con genotipos de alto riesgo oncogénico, puede producir lesiones precancerosas que, con el paso de los años, evolucionan hacia cáncer.

El cáncer cervicouterino sigue siendo una de las principales causas de muerte por cáncer en mujeres en muchas regiones del mundo. En América Latina, las desigualdades en acceso a prevención, diagnóstico y tratamiento continúan siendo un obstáculo importante para su control.

Pero la historia natural de esta enfermedad ha comenzado a cambiar gracias a una herramienta extraordinaria: la vacunación.

De cuatro tipos de virus a nueve

Durante los últimos años, el programa de vacunación dominicano ha utilizado la vacuna tetravalente contra el VPH en niños y niñas entre los 9 y 14 años.

Esta vacuna protege contra los genotipos 6, 11, 16 y 18. Los tipos 16 y 18 son responsables de aproximadamente el 70% de los cánceres de cuello uterino, mientras que los tipos 6 y 11 causan la mayoría de las verrugas genitales.

La nueva vacuna nonavalente amplía esta protección al incluir cinco genotipos adicionales de alto riesgo: 31, 33, 45, 52 y 58.

Con esta ampliación, la cobertura potencial contra los virus responsables del cáncer cervicouterino se eleva hasta cerca del 90% de los casos.

En términos simples: la ciencia acaba de ampliar significativamente nuestra capacidad de prevenir este cáncer.

Cuando la investigación se conecta con la práctica

Desde la práctica clínica y la investigación, los ginecólogos hemos sido testigos de la evolución de las estrategias para detectar y prevenir las lesiones precancerosas asociadas al VPH.

En trabajos científicos sobre estrategias de tamizaje basadas en citología cervical y pruebas moleculares para la detección de ADN del virus, se ha demostrado cómo la identificación temprana de lesiones intraepiteliales permite intervenir antes de que la enfermedad progrese hacia cáncer invasor.

Sin embargo, incluso las mejores estrategias de tamizaje tienen una limitación fundamental: actúan después de que la infección ya ha ocurrido. La vacunación, en cambio, cambia completamente el enfoque. No detecta la enfermedad. La evita.

Ese cambio conceptual representa uno de los mayores avances en prevención del cáncer en la medicina contemporánea.

Vacunar antes de la exposición

El programa dominicano ha adoptado una estrategia alineada con las recomendaciones internacionales: vacunar a niños y niñas entre los 9 y 14 años, antes del inicio de la vida sexual.

En este grupo de edad la respuesta inmunológica es más robusta y permite generar una protección eficaz antes de la exposición al virus.

La vacunación en ambos sexos también reduce la circulación del virus en la población, generando un efecto comunitario que disminuye la transmisión.

Países con altas coberturas de vacunación ya están observando resultados impresionantes. Australia, por ejemplo, proyecta convertirse en uno de los primeros países del mundo en eliminar el cáncer cervicouterino como problema de salud pública en las próximas décadas.

El verdadero desafío: la cobertura

Pero la historia de la prevención del cáncer no se escribe solo con avances científicos. También depende de la capacidad de los sistemas de salud para llevar esas herramientas a la población.

En América Latina persisten múltiples barreras para la prevención del VPH: desigualdades en el acceso a servicios de salud, desinformación, barreras culturales y limitaciones en los programas de vacunación.

Por eso, el verdadero impacto de esta decisión dependerá de algo fundamental: lograr altas tasas de cobertura de vacunación.

La Organización Mundial de la Salud plantea una meta clara dentro de su estrategia global para eliminar el cáncer cervicouterino: vacunar al 90% de las niñas antes de los 15 años.

Alcanzar esa meta podría cambiar de forma radical la epidemiología de esta enfermedad en las próximas décadas.

Más que una vacuna

La incorporación de la vacuna nonavalente dentro del Programa Nacional de Vacunación representa una decisión inteligente de salud pública.

En el sector privado, esta vacuna tiene un costo elevado que limita su acceso para muchas familias. Al ofrecerla de forma gratuita, el Estado dominicano convierte una herramienta científica de alto impacto en una política de equidad sanitaria.

Pero más allá de la economía o de las estadísticas, el verdadero significado de esta decisión es otro.

Cada dosis aplicada es una lesión precancerosa que no aparecerá. Cada cohorte vacunada es una generación con menor riesgo de desarrollar cáncer cervicouterino. Y cada avance en prevención nos recuerda una verdad fundamental de la medicina: el mayor triunfo de la medicina no es curar enfermedades. Es evitar que ocurran.

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Dr. Yotin Ramón Pérez

Doctor en Medicina egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, postgrado en Obstetricia y Ginecología en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas. Profesor de Simulación Obstétrica en Intec. Diplomado en Gerencia y Gestión hospitalaria.

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