La falacia de la autoridad como obstáculo para el pensamiento crítico

viernes 8 agosto , 2025

Creado por:

Ángel Bello

Por: Ángel Bello

Para nadie es un secreto que la educación preuniversitaria en República Dominicana ocupa uno de los lugares menos codiciados en materia de calidad, mientras que, cuando nos referimos a la formación superior, el panorama tampoco resulta ser muy alentador, tornándose tortuosos y extenuantes nuestros esfuerzos por ascender hasta un posicionamiento halagueño a nivel global.

Varias instituciones y organismos internacionales, entre ellos el Banco Mundial (v. g. 2015, 2018), UNESCO (v. g. 2021) y PISA (v. g. 2022), se han encargado de poner en evidencia que nuestro sistema educativo no está garantizando las competencias mínimas en la población estudiantil, lo cual se ha convertido en uno de nuestros principales escollos en lo que respecta a desarrollo humano, competitividad de nuestros egresados y posicionamiento del país en los rankings internacionales.

Entre los problemas identificados que presentan estos informes para sustentar sus conclusiones, destaca el bajo nivel de comprensión lectora (es decir, niños y jóvenes que no pueden leer y comprender un texto simple) y el famélico desarrollo del pensamiento crítico.

El pensamiento crítico es la habilidad de analizar información, cuestionar suposiciones, identificar sesgos y falacias, comprender diferentes perspectivas, formar juicios bien fundamentados, sacar conclusiones y argumentar.

Además, el pensamiento crítico nos permite comunicar claramente los razonamientos y tomar las mejores decisiones a partir de la información disponible. Estimula el aprendizaje continuo, la autonomía y la curiosidad. Se trata, además, de una condición sine qua non para la vida en democracia y el ejercicio de la ciudadanía responsable, uno de los fines estipulados, entre otros, en el artículo 5 de la Ley General de Educación, 66-97: “(…) Formar personas, hombres y mujeres, libres, críticos y creativos, capaces de participar y constituir una sociedad libre, democrática y participativa (…)”.

Entre las variables asociadas al déficit del desarrollo del pensamiento crítico en nuestros estudiantes, tanto de la educación preuniversitaria como de la superior, podemos encontrar la aún insuficiente formación inicial y continua del profesorado, en adición a la poca articulación entre la política educativa y la realidad del aula.

Este escenario constituye un desafío para el personal docente en su condición de diseñador de experiencias educativas, por lo que es oportuno referirnos a nuestra práctica común de, más que como guías y facilitadores del aprendizaje, autoerigirnos en ejes del proceso, empeñados en cautivar los reflectores en perjuicio de los verdaderos protagonistas: los estudiantes.

Esta concepción de la educación nos puede llevar a abrazar la falacia de la autoridad, soslayando nuestro rol básico de, lejos del monopolio medieval del saber, hacer emerger  en nuestros discípulos, a través del diálogo permanente y las preguntas, unos conocimientos que tan solo se encuentran latentes en ellos, a la espera de ser descubiertos.

Así, no podemos aspirar a cambios significativos en nuestro sistema educativo y en la calidad de los resultados, cuando nuestra legislación y nuestra retórica áulica es abundante al referimos a la impostergable necesidad de fomentar el pensamiento crítico, pero en la práctica nuestras enseñanzas se traducen en dogmas blindados frente a las dudas y los cuestionamientos por parte de los alumnos, so pena de ser víctimas de flagelaciones y ostracismos propios de un sistema anacrónico totalmente incompatible con la actual era de la información y la comunicación.

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Ángel Bello

Psicólogo y consultor en Capacitación. Maestría en Gerencia y Productividad. Profesor de la Universidad Católica Santo Domingo.

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