Hemorragia postparto: un nuevo paradigma clínico que exige adaptación nacional

lunes 13 octubre , 2025

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Yotin Pérez | Foto: Fuente externa

La hemorragia postparto (HPP) continúa siendo el rostro más dramático de la mortalidad materna. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que, cada año, más de 70,000 mujeres mueren por esta causa, casi siempre en países donde los sistemas de salud fallan en la detección temprana y en la respuesta inmediata.

La República Dominicana no es ajena a esa realidad: la HPP figura de manera constante entre las tres primeras causas de muerte materna, a pesar de los avances en infraestructura y en cobertura asistencial.

La nueva guía de la OMS 2025 representa, sin duda, uno de los virajes más trascendentes en la historia reciente del manejo obstétrico. No se trata de una actualización semántica o de la sustitución de un medicamento por otro; es un cambio de paradigma. La hemorragia deja de ser vista como un fenómeno “cuantificable” para convertirse en un evento clínico que exige lectura fisiológica, acción simultánea y liderazgo del equipo obstétrico.

De la pérdida cuantificada a la descompensación reconocida

Las guías anteriores (2012 y 2018) definían la HPP en función del volumen de sangre perdido: ≥500 mL tras parto vaginal o ≥1000 mL tras cesárea. Sin embargo, esta definición, anclada en cifras, invisibilizaba a cientos de mujeres que desarrollaban signos de shock con volúmenes menores.

La OMS 2025 rompe ese paradigma y redefine la HPP como “cualquier pérdida sanguínea que comprometa la estabilidad hemodinámica materna, independientemente del volumen estimado”.

Este cambio no es trivial: traslada el diagnóstico desde la báscula y la estimación visual hacia la interpretación clínica del estado materno, utilizando indicadores objetivos como el Shock Index (FC/PAS), el estado mental y la perfusión periférica.

Este giro conceptual rescata la esencia de la medicina clínica: observar, razonar y actuar antes de que la estadística se convierta en tragedia.

Un manejo que debe ser simultáneo, no secuencial

Otro cambio estructural de la guía es la eliminación del abordaje escalonado. El modelo secuencial —administrar oxitocina, esperar respuesta, añadir ácido tranexámico, luego masaje uterino y finalmente taponamiento— generaba pérdidas de tiempo que, en un contexto de hipoperfusión, son letales.

El documento 2025 propone un enfoque de respuesta simultánea, donde las medidas médicas, farmacológicas y mecánicas se aplican en paralelo y en los primeros minutos del evento.

El uso del ácido tranexámico (TXA) adquiere un papel protagónico: su administración debe ocurrir en los primeros 3 minutos tras el diagnóstico, no dentro de las 3 horas, como se sugería en versiones previas. La evidencia (estudio WOMAN Trial, Lancet 2017) demuestra que cada minuto de retraso reduce la supervivencia.

Además, la guía eleva el estatus del taponamiento intrauterino —ya sea con balón Bakri o dispositivos improvisados— como intervención de primera línea, y no de rescate. Esto democratiza su uso y lo saca del terreno exclusivo de los hospitales de tercer nivel.

Lo que la evidencia confirma y lo que el sistema aún niega

La ciencia confirma lo que la práctica clínica ha venido mostrando: la HPP no mata por el sangrado, sino por la lentitud del sistema en responder.

En República Dominicana, los retrasos institucionales (demora tipo III) siguen siendo el eslabón más débil. Las unidades obstétricas carecen, muchas veces, de un carro de emergencia con uterotónicos disponibles, de protocolos de respuesta rápida activados o de personal entrenado en el uso del TXA y del taponamiento uterino.

Si la guía 2025 propone un manejo “en paralelo”, nuestro sistema aún funciona “en cadena”, donde cada decisión depende de una jerarquía, de una firma o de la llegada del médico con más experiencia.

Ese desfase temporal es el que la nueva guía intenta evitar. La OMS, con esta versión, propone una obstetricia más horizontal, basada en la acción coordinada y protocolizada del equipo, donde cada integrante sabe qué hacer sin esperar la orden.

Adaptar, no copiar

Replicar la guía OMS 2025 no significa traducirla literalmente; implica adaptarla al terreno y a la realidad dominicana.

Esto requiere tres acciones inmediatas:

  1.   Revisión y actualización de los protocolos nacionales de atención obstétrica, alineando el flujograma de manejo con el enfoque de respuesta simultánea.
  2.   Formación continua de médicos generales, obstetras y personal de enfermería en el uso práctico de TXA, técnicas de compresión uterina y taponamiento.
  3.   Abastecimiento garantizado de uterotónicos, dispositivos de compresión y TXA en todos los centros de segundo nivel, donde ocurre la mayor parte de los partos.

La efectividad de la guía dependerá no de su lectura, sino de su implementación interinstitucional.

Conclusión: de la evidencia a la acción

La OMS 2025 nos recuerda que el progreso científico no siempre está en descubrir nuevas moléculas, sino en reaprender a actuar con sentido clínico y rapidez operativa.

En un país donde cada muerte materna conmueve, pero pocas transforman, esta guía nos ofrece un mapa para cambiar el destino obstétrico de nuestras pacientes.

La hemorragia postparto ya no debe ser vista como una complicación inevitable, sino como un fracaso prevenible del sistema.

Adoptar la nueva guía no es una opción académica; es un compromiso ético con la vida.

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Dr. Yotin Ramón Pérez

Doctor en Medicina egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, postgrado en Obstetricia y Ginecología en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas. Profesor de Simulación Obstétrica en Intec. Diplomado en Gerencia y Gestión hospitalaria.

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