Gerencia: ¿cómo motivar a los motivadores?

miércoles 22 septiembre , 2021

Creado por:

Ángel Bello

Las imágenes del presidente Luis Abinader abordando un vuelo comercial que lo llevaría a la ciudad de Nueva York viajando en clase económica para participar de la asamblea de la ONU, han cautivado la atención y atrapado los titulares de los principales medios de comunicación.

Con este acto de frugalidad, el primer mandatario dice que ha querido predicar con el ejemplo y ratificar la prohibición de que los funcionarios públicos viajen en primera clase, entre otras restricciones.

No es la primera vez que las pretensiones de eficientizar el presupuesto de la nación por parte de un gobernante dominicano apelando a la racionalización de los privilegios de los ministros y otros funcionarios, generan controversia. Una vez más también deploro que el tratamiento del tema se contamine con el populismo de algunos sectores y el desconocimiento del tema por parte de otros.

Hastiado de la corrupción y la malversación de los fondos públicos, el pueblo no solo ha estado hipervigilante exigiendo a los gobiernos la reducción de tales privilegios, sino que no son pocos los que han llegado al absurdo de minimizar y hasta ignorar la relevancia que tienen las posiciones directivas y el hecho de que sus incumbentes merecen el tratamiento correspondiente. Estas consideraciones aplican tanto al sector público como al litoral privado.

En el caso del presidente de la República, y considerándolo el director ejecutivo de la nación (CEO por sus siglas en inglés), por la naturaleza de su cargo, le corresponde ciertos beneficios, incluyendo protocolos para resguardar su seguridad, y eso comporta los vuelos privados. Actualmente, el presidente Abinader está librando una guerra frontal contra la corrupción y el narcotráfico, lo cual afecta muchos intereses económicos y puede hacerlo más vulnerable al convertirlo en blanco de esos grupos.

Haciendo un símil con el sector privado, el presidente de la República y sus ministros (en conjunto la alta gerencia), así como también los viceministros y directores generales (gerencia media) y los directores departamentales (gerentes de primera línea o supervisores) deben percibir una serie de beneficios propios de su estatus, y esto no es pecaminoso. Buenos salarios, tarjetas de crédito corporativas, gastos de representación, vehículos, choferes, estacionamientos reservados y oficinas más espaciosas, son parte común y corriente del paquete, naturalmente, ajustada a cada nivel.

¿Por qué los gerentes son mejor remunerados que los empleados no directivos? Los gerentes tienen a su cargo la planeación y las estrategias de las organizaciones, así como también la responsabilidad por el trabajo de las personas que dirigen (no pueden decir “no es mi culpa”). Sus decisiones tienen un mayor impacto en los resultados y el logro de las metas.

Esto no es incompatible con la naturaleza del servicio público ni con el combate a la corrupción, solo que, en este caso, las expectativas son menos ambiciosas, aunque jamás pretender una gerencia pública magra, arrabalizada y poco atractiva para los candidatos más competitivos.

Los beneficios de los gerentes funcionan como estrategias para su motivación y su desempeño satisfactorio. Ellos acompañan lógicamente al aumento de las responsabilidades. Por eso, además de las recompensas intrínsecas del cargo, los empleados no directivos aspiran a ocupar esas posiciones. Para ello se esfuerzan y se capacitan. Más que un privilegio, es un derecho, un acto de equidad.

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Ángel Bello

Ángel Bello

Psicólogo y consultor en Capacitación. Maestría en Gerencia y Productividad. Profesor de la Universidad Católica Santo Domingo.

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