Ética empresarial y corrupción administrativa

lunes 2 septiembre , 2019

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Foto: Ángel Bello

La ética en la administración, como en la vida personal, se fundamenta en los valores, los cuales constituyen principios o pautas que guían el comportamiento. Los valores se traducen en los criterios cardinales para la toma de decisiones, a partir de lo cual calibramos las consecuencias que se puedan derivar de aquellas (Carlos María Moreno Pérez, Ética de la Empresa, 2017), tanto a lo interno de la organización como en los clientes, los ciudadanos, la comunidad y demás grupos de interés.
La corrupción en la administración tanto privada como pública supone una de las manifestaciones de la negación de valores que más perjuicio causa a todo el sistema, ya que no solo obra en desmedro de la rentabilidad de los accionistas y de la eficiencia de las instituciones públicas, sino que también dificulta el logro de los objetivos individuales de los colaboradores y profundiza los niveles de pobreza de los ciudadanos.

Esta situación es generadora de inequidades sociales y económicas, lo cual conspira contra la motivación laboral y como nación, deteriora la democracia y propicia un escenario de ingobernabilidad (Transparencia Internacional, Informe Índice de Percepción de la Corrupción 2018).

Si queremos contrarrestar de manera efectiva los actos de corrupción en las organizaciones, debemos enfocar nuestros esfuerzos en las raíces de los mismos, es decir, en las causas que los generan.

En ese tenor, puntualicemos que son los grupos primarios los principales agentes de socialización del individuo, y, entre ellos, es la familia donde son aprendidos los valores que marcarán una impronta a nuestros actos en lo adelante.

Por ende, se impone una profunda reflexión sobre la cuota de responsabilidad que han tenido los cambios operados durante los últimos años en la dinámica familiar en cuanto a la proliferación de los antivalores que sustentan la corrupción y el enriquecimiento ilícito.

De la misma manera, las organizaciones pueden contribuir con el fomento de la transparencia en la administración de los recursos económicos y financieros. Este tema está instrínsecamente vinculado con la cultura organizacional, es decir, el “… conjunto de valores, creencias, conocimientos y formas de pensar que sirven de guía, que comparten los miembros de una organización y que se enseña a nuevos integrantes como la correcta…” (Richard Daft, Teoría y Diseño Organizacional, 2007).

La cultura de la transparencia y el desempeño correcto en las organizaciones va desde el reforzamiento de los valores que inspiran la filosofía, la misión y la visión corporativas, hasta el mismo proceso de reclutamiento y selección. Así, se deberá procurar la incorporación de aquellos talentos que se corresponden con el perfil axiológico que garantiza la sostenibilidad de la ética como fuerza impulsora y eje transversal de desempeño a todos los niveles de la jerarquía organizacional.

Por supuesto, estas son solo las principales medidas relacionadas con el aprendizaje de los valores y los procesos de socialización y adaptación institucional. Existen muchas otras herramientas que pueden contribuir a lograr el objetivo una administración ética, incluidos los métodos de control correctivo, los cuales incluyen las sanciones a la violación de la normativa jurídica y los distintos códigos éticos que regulan la materia.

Esto último no puede soslayarse, porque la impunidad es la mejor receta para estimular la corrupción. Si no castigamos a los corruptos, no esperemos ver resultados.

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Ángel Bello

Ángel Bello

Psicólogo con especialidad en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.

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