Este fin de semana, Serena Williams va por su séptimo título del US Open, tras una larga batalla, y no me refiero a sus juegos, sino al mensaje que ha estado enviando en cada uno de sus enfrentamientos a través de su vestimenta, después de que su traje postparto fuera prohibido por la Federación Francesa de Tenis (FFT) el pasado mes de junio. ¿Por qué? Porque estaba muy cubierto y por encima de todo era negro.
Aunque esta prohibición no debió sorprender a nadie, viniendo del país que hace un par de años también prohibió el burkini, parece increíble que en pleno siglo XXI todavía estemos luchando por la libertad de vestir, como nos acomode. Es que al parecer en el tenis, igual que en la moda, ser incoherente, es un deporte.
No se trata solo de las propuestas cada vez más creativas, pero menos funcionales que nos presentan algunos diseñadores cada temporada, sino en cada aspecto de la vida social. El lenguaje de la moda es muy poderoso, no en vano ha sido objeto de opresión por siglos. Por eso, en la moda, igual que en la vida, desafiar las reglas es un deporte.
Desde la aparición de las primeras civilizaciones las reglas del vestir las dictaba el que tuviera el rango más alto, egipcios, griegos, romanos confirmaban su poder a través de la vestimenta. Revise la historia de todos los Luis que reinaron en Francia y encontrará una ley absurda detrás de la otra.

Serena Williams en un partido de las semifinales del Abierto de Tenis de Estados Unidos en el Centro Nacional de Tenis USTA en Flushing Meadows, Nueva York. Foto: EFE/John G. Mabanglo.
Cuando Amelia Blommer propuso el uso del pantalón femenino, este se consideró una prenda feminista y no fue hasta que se inventó la bicicleta casi una década después y un gran pleito en la corte de justicia que su uso fue aprobado. Es que en la sociedad, igual que en la moda, modernizar las reglas es un deporte.
Recuerdan aquel festival de Cannes en el que un grupo de importantes celebridades asistieron descalzas a una de las proyecciones en señal de protesta. O cuando decidieron mostrar solidaridad vistiendo de negro en la alfombra roja de los premios Globo de Oro. Lo mismo hizo Serena al desfilar en el US Open con sus tutús, bien vintage, por no decir anticuado, y es que en el cine, igual que en la moda, luchar por una causa es un deporte.
El afán de hacernos renunciar a la libertad es la incoherencia de estos tiempos. Esa libertad nos la hemos ganado a pulso y la vestimenta ha sido nuestra gran aliada. El mejor ejemplo es haber aceptado el zapato deportivo como un complemento de la falda. Sin importar la ocasión, la mitad de las mortales se niega a volver a montarse stilettos, mientras la otra mitad prefiere romperse el tobillo con tal de mantener el glamour. Los fabulosos zapatos de la más reciente colección de Tom Ford sirven de referencia. Es que en la vida, igual que en la moda, siempre habrá quien quiera imponer reglas disfrazadas de tendencia.
Si algo nos ha enseñado la historia, en este caso la de la moda, es que el estilo es algo individual, es lo que comunica quiénes somos, lo que hacemos, cómo nos sentimos, hasta de dónde venimos y, en muchas ocasiones, nuestra posición social, que nada tiene que ver con las reglas impuestas por la sociedad. Intente aplicar algo tan individual y lejano como la tribu Dinka, en Sudán, que todavía anda desnuda, sin darle mucha mente al pudor y hasta juegan algo parecido al tenis. Para mí es la prueba de que en el deporte, igual que en la moda, ninguna verdad es absoluta.
Z Digital no se hace responsable ni se identifica con las opiniones que sus colaboradores expresan a través de los trabajos y artículos publicados. Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción total o parcial de cualquier información gráfica, audiovisual o escrita por cualquier medio sin que se otorguen los créditos correspondientes a Z Digital como fuente.