El Gobierno, bajo la administración de distintos presidentes y partidos, ha dado prioridad a la asistencia social como “método” para reducir la pobreza, pero también por el elevado componente político electoral que puede implicar ese tipo de ayuda en determinados sectores.
De hecho, se ha vuelto costumbre en el ámbito político la oferta de ayuda social para atraer votantes, pues se tiene entendido que quien “más da” adquiere más simpatías entre los sectores más desposeídos.
Sin embargo, la ayuda social no contribuye, necesariamente, a una reducción de la pobreza. Más bien, puede que implique una motivación a seguir en ese estado, toda vez que se va creando una actitud “parasitaria” en segmentos poblacionales que prefieren esperar la dádiva estatal a buscar la forma de producir y superarse.
Usted dirá, pero cómo producir, si no hay ofertas de empleos de parte del sector privado. Eso es verdad. Pero el Gobierno puede aplicar un método de asistencia social con mayor impacto en la reducción de la pobreza y la superación de la gente. Incluso, hasta con un componente de tasa de retorno económica para el Estado.
Se trata de la creación de fuentes de empleos subsidiados. Sí, subsidiados, porque la idea sería impulsar la producción de bienes que puedan servir de materia prima para la manufactura de otros productos nacionales.
El punto es que si el costo de producción de esa materia prima es muy elevado, el Estado tendría que participar como subsidiario, pues su objetivo debe ser generar empleos y no ganancias en esta labor de impacto social.
“Lo que fácil viene, fácil se va” es una frase muy usada y se refiere a que cuando se obtiene algo gratis, la tendencia es a darle uso sin valorar su importancia. A eso se agrega otra frase que reza: “No me des pescado, enséñame a pescar”. Esta última es a la que nos referimos al señalar las fuentes de empleos subsidiados por el Estado como mejor instrumento de asistencia social y de lucha contra la pobreza.
Pongamos un ejemplo. La región Suroeste es de las más deprimidas económicamente y con menor fuente de empleos. Supongamos que en algunas zonas el Gobierno instale empresas productoras de bienes con alto costo como trigo, soja, maíz, que son materia prima para la producción avícola.
También pudiera impulsar la producción de piñón para extraer su aceite y promover su mezcla con el gasoil, que bastante caro está en el mercado externo, y así producir biodiesel como combustible alterno mezclado.
Producir esos bienes aquí tendría un costo superior a su precio internacional y su importación; pero si el Gobierno decidiera, en lugar de gastar dinero en tarjetas de ayuda social, usara esos recursos para subsidiar los empleos en esas empresas y compensar con aportes la diferencia de precios para que llegue barato a los productores que los usen como materia prima, entonces promoverá la creación de empresas en zonas donde no hay fuentes de trabajo.
Luego, la operatividad de esas empresas creará un encadenamiento, porque los pobladores de esas zonas no van a emigrar, ya que tendrán empleos cercanos. Con los salarios que devenguen demandarán bienes y servicios, lo que provocará el surgimiento de pequeñas empresas en los alrededores de esas industrias que a su vez generarán empleos y dinamizarán la economía.
Además, en la medida en que haya demanda de bienes y servicios, las empresas privadas grandes instalarán sucursales en esas zonas lo que también fomentará al formalidad y el pago de impuestos, dando rentabilidad al Estado.
A eso se agrega la “dignidad humana”. Aquellos ciudadanos que tendrán empleos subsidiados por el Estado, pero sentirán que reciben el pago por un trabajo realizado y no como una dádiva, por lo que tendrán orgullo del dinero producido de su esfuerzo.
Eso sí sería reducir la pobreza y dinamizar la economía en zonas vulnerables. Pero esa labor es rentable para el país como nación, no para los políticos que prefieren mantener a esos segmentos poblacionales como dependientes de la dádiva social para que les deban en votos lo poco que les regalan mientras les mantienen sumidos en la pobreza.
Este tiempo es oportuno para hacer la diferencia.