Tras varios años de golpes políticos y luego de una larga etapa en la conducción del Estado, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), tras sufrir dos derrotas electorales consecutivas en 2020 y 2024, parece renacer de sus cenizas y mostrar una firme determinación de recuperar su preponderancia como organización política.
Después de 16 años de gobierno consecutivos, el PLD se dividió y la otrora poderosa organización salió del poder. De inmediato comenzó el decrecimiento de su militancia y su respaldo electoral, al pasar de un 38 % en las elecciones de 2020 a un 10 % en 2024, quedando sin representación en el Senado de la República.
El PLD llegó al poder en 1996 de la mano de Joaquín Balaguer, líder del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), y de Juan Bosch, fundador y líder del PLD. A partir de entonces, se convirtió en la principal fuerza política del país, logrando controlar durante largo tiempo los principales poderes públicos de la República Dominicana.
Sin embargo, los golpes y la caída no lograron aniquilar ni hacer desaparecer al partido morado. Tras sus derrotas, el partido logró reorganizarse y relanzar sus cuadros dirigenciales, dando oportunidades a nuevas generaciones y promoviendo figuras como Johnny Pujols como uno de sus principales voceros. Paralelamente, inició un proceso de reconstrucción de sus estructuras a nivel provincial y municipal.
Superada esa etapa, el PLD comienza a emerger nuevamente en la percepción ciudadana, impulsando mensajes como: «Con el PLD se vivía mejor» y «Los que saben gobernar», consignas que parecen invitar a la población a comparar la gestión actual con las administraciones pasadas.
De acuerdo con las encuestas Gallup y ACD Media, el partido de la estrella amarilla ha experimentado un crecimiento que lo ubica en un empate técnico con la Fuerza del Pueblo, organización liderada por Leonel Fernández, con posibilidades de seguir expandiendo su apoyo.
Al resurgimiento del PLD se suma el repunte de la figura de Danilo Medina, último presidente de la República perteneciente a esa organización, así como la reaparición en el escenario político de Gonzalo Castillo, quien, tras ser favorecido con un «no ha lugar», dejó claro que buscará la nominación presidencial del partido.
A esto se añade el activismo que han mantenido dirigentes como Francisco Javier García, Francisco Domínguez Brito, Abel Martínez y Charlie Mariotti, cuyas actividades parecen elevar el ánimo de los peledeístas, afectado desde la salida del poder en 2020.
En los últimos meses, el PLD ha intensificado sus actividades territoriales, reorganizado sus organismos internos y retomado el contacto con su militancia. No se trata aún de un resurgimiento electoral consolidado, pero sí de indicios de que el partido busca reconstruirse desde sus bases. En un sistema democrático, esa capacidad de reorganización es indispensable para cualquier organización que aspire a volver a ser una opción de poder.
La fortaleza histórica del PLD siempre residió en su disciplina orgánica, su capacidad de movilización y su presencia en todo el territorio nacional. Esa maquinaria, que durante años fue considerada una de las más eficientes del país, sufrió un fuerte desgaste debido a las divisiones internas, la salida de importantes dirigentes y el costo político derivado de las denuncias de corrupción que marcaron el final de sus gobiernos. Hoy, el reto consiste en demostrar que esa estructura puede renovarse y responder a las exigencias de una sociedad distinta.
Los morados parecen entender que su papel como fuerza opositora exige una actitud más propositiva que confrontativa. Criticar al Gobierno forma parte del ejercicio democrático, pero la ciudadanía también espera soluciones, ideas y una visión de país. Esa será la verdadera prueba para determinar si el repunte que hoy exhibe puede traducirse en un crecimiento sostenido.
Tampoco puede ignorarse que la competencia política será cada vez más intensa. El oficialismo conserva importantes fortalezas, mientras otras organizaciones buscan ampliar su espacio. En ese escenario, el PLD tendrá que demostrar que aprendió de los errores que lo llevaron a perder el respaldo popular y que está dispuesto a impulsar una renovación que vaya más allá de los discursos.
Todo parece indicar que el PLD está decidido a reconquistar el respaldo de la ciudadanía y apuesta desde ya por reagrupar su estructura para, con Danilo Medina como principal referente, recuperar el espacio perdido, pasar la página y, como diría el personaje Richie Ricardo: «Yo no me morí, solo me escondí».
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