Firmeza y luz

El programa oculto en los conflictos laborales

martes 16 julio , 2019

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Foto: Ángel Bello

…Y colorín colorado, ¡este cuento si ha durado! Porque ahora hay que esperar un nuevo capítulo, cuando se conozca el recurso de apelación interpuesto por la Confederación Patronal de República Dominicana (Copardom), ya que los empresarios no están satisfechos con el reajuste de un 14 % al salario mínimo.

Es la historia ancestral de los conflictos laborales, que hunde sus raíces en las luchas de poder y en la explotación del fuerte por el más débil, lo cual motivó la creación de leyes para regular las relaciones obrero-patronales.

Es la falta de empatía por ambas partes, como consecuencia de lo cual el jefe maximiza su rentabilidad a costa de salarios deprimidos, mientras el empleado exige más y más, desestimando los altos costos de producción que tiene que cubrir la otra parte para poder subsistir ante la enorme carga impositiva.

Otra arista de los conflictos laborales nos remite al psicólogo austríaco Fritz Heider, quien afirma que el jefe atribuye las causas del desempeño sobresaliente del empleado al buen trato que aquél le dispensa, mientras que los fracasos serían culpa de aquel que alquila su talento y su fuerza de trabajo.

El empleado, por su parte (y apoyándonos en el mismo experto), sitúa el control de la productividad en sí mismo cuando de un desempeño satisfactorio se trata, al tiempo que asocia sus pobres ejecuciones con un liderazgo poco efectivo e ineficiente.

En esta añeja controversia, el gerente infravalora los aportes de aquel que cuelga sus esperanzas de una vida digna en el tendedero de una anémica remuneración, humedecidas por los altos precios. El empleado, entonces, minimiza el incalculable impacto de la administración en el logro de las metas organizacionales, calificando a los gerentes como generales que tan solo saben dar órdenes a aquellos que batallan en las trincheras de los niveles operativos de la jerarquía organizacional. 

La gerencia hace causa común con el psicólogo belga Stacy Adams, quien sentencia que el trabajador trata de inclinar a su propio favor la balanza de las contribuciones que hace y los beneficios que recibe. Sin embargo, al propietario de los medios de producción se acusa de explotar al “pobre” empleado, quien cumple horarios de esclavo, si nos apoyamos en el relato “Un Mensaje a García”, del escritor estadounidense Elbert Hubbard.

Esa es la realidad de muchas empresas, donde las relaciones laborales se desarrollan entre agendas ocultas de unos y otros, y donde la convivencia pacífica se ve constantemente amenazada por las frustraciones acumuladas y la permanente postergación de las soluciones definitivas. Para un mejor funcionamiento de las organizaciones y de la sociedad en su conjunto, los objetivos organizacionales deben ser compatibles con los individuales y la empatía debe permitir buscar soluciones justas para todos.

Hay que ir más allá de los propios intereses y permitir que esta apertura viabilice las formulaciones de las propuestas. Hay que descartar los acuerdos imperfectos que solo permiten salir del estancamiento y posponer las crisis. Bajo estas premisas, las partes sabrán negociar comprendiendo que no todo es suma cero y que la democracia corporativa tiene como pilares no solo derechos, sino también deberes. Eso es ganar-ganar. Solo de esa manera se logra la auténtica paz laboral.


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Ángel Bello

Ángel Bello

Psicólogo con especialidad en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.

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