El principio del fin del orden mundial unipolar

martes 15 julio , 2025

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Julio Santana | Foto: Julio Santana

La cumbre de Río de Janeiro del BRICS marcó un antes y un después en la historia contemporánea. Ya no se trata de un simple foro de diálogo, sino de un bloque capaz de proyectar un influjo político y económico colosal, al punto de desafiar de lleno la arquitectura unipolar erigida por Estados Unidos y sus aliados tras la Guerra Fría. Originalmente compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, el grupo dio un paso audaz en 2024 al sumar a Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Etiopía, Indonesia e Irán, cimentando así una alianza mucho más representativa del Sur Global.

Lo acordado en Río trasciende la lista de compromisos habituales. Puede afirmarse que es el acta fundacional de un nuevo orden multipolar. Allí, los países participantes pusieron en papel una visión común de gobernanza internacional basada en el respeto recíproco, la equidad y la cooperación pragmática, y no meramente en la coacción, el chantaje abierto o la imposición de intereses unilaterales.

Farhad Ibrahimov, reconocido politólogo orientalista, advierte que el modelo liberal de globalización pierde su vigencia a medida que el epicentro económico y político del planeta se desplaza hacia el Sur Global. Su diagnóstico encuentra eco en académicos como Jeffrey Sachs, quienes alertan sobre la “irrelevancia estratégica” que Washington comienza a experimentar ante un bloque que deja de ser un actor secundario para convertirse en protagonista indiscutible de los asuntos mundiales.

En el terreno financiero, la apuesta del BRICS por transacciones en monedas locales y la expansión de su propio sistema de compensación, alejándose de estructuras dominadas por Occidente, supone un hito histórico. Joseph Stiglitz lo describe como el primer paso para que las naciones en desarrollo se liberen de un sistema crediticio tradicional más orientado a la dominación que al progreso compartido.

Las cifras respaldan esta transformación.

En 2024, el PIB conjunto del bloque, medido en paridad de poder adquisitivo, alcanzó el 40 % de la economía global —frente al 35 % de hace dos años—, y la proyección para 2025 apunta a un 41 %. Con sus casi 65 billones de dólares en PPA, los BRICS superan al G7 en este indicador, mientras sus intercambios comerciales representan alrededor del 25 % del comercio mundial de bienes y servicios, con exportaciones por 5.5 billones e importaciones por 4.8 billones de dólares en 2024.

Pero más allá de la economía, el bloque avanza en campos estratégicos, como son, tecnología verde, infraestructuras de transporte y energías renovables. A través del Nuevo Banco de Desarrollo y otros instrumentos de financiación conjunta, los BRICS financian proyectos de gran envergadura sin las condiciones onerosas de las instituciones occidentales tradicionales, perfilándose como facilitadores de un desarrollo sostenible y soberano.

El giro más radical de este año, sin embargo, se dio en materia de seguridad. La condena explícita a los ataques contra infraestructuras civiles en territorio ruso no solo reafirma la solidaridad con un miembro fundador; deja claro que el bloque asume un papel moral y político activo. Según Ibrahimov, esta cohesión sin precedentes presagia acciones diplomáticas coordinadas y efectivas que eclipsarán los viejos esquemas de toma de decisiones unilaterales.

La reacción de Donald Trump, amenazando con un arancel del 10 % a todas las importaciones procedentes de los países BRICS bajo el pretexto de “proteger el dólar”, ilustra a las claras que Washington ya no ve al bloque como un mero interlocutor económico, sino como un adversario estratégico. Con el control de rutas comerciales esenciales, vastos recursos energéticos y mercados agrícolas en expansión, los BRICS se asientan como un actor geopolítico de primera magnitud, imparable en su ascenso.

Para John Mearsheimer, teórico de las relaciones internacionales, un orden fundado en la hegemonía unilateral es insostenible cuando emergen potencias reacias a acatar reglas impuestas desde fuera. La verdadera cuestión ya no es si el BRICS influirá en el futuro de la gobernanza global, sino de qué manera y a qué ritmo transformará el tablero mundial.

Río de Janeiro dejó claro que el grupo superó su etapa de mero espacio de conversación. Ahora, avanza decidido hacia la acción concreta con miras a reconfigurar las relaciones de poder en el planeta. Lo que presenciamos podría muy bien ser el principio del fin del orden mundial unipolar, dando paso a una era en la que la soberanía compartida y la cooperación verdaderamente igualitaria reemplacen a la coerción y al dominio unilateral.

La historia de las hegemonías se escribe con capítulos de ascenso y caída, y el que se abrió en Río bien podría ser aquel que Washington nunca imaginó ver redactado.

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Julio Santana

Julio Santana es economista y analista de temas técnicos, geopolíticos y nacionales. Cuenta con una amplia trayectoria en el sector gubernamental dominicano y mantiene una voz crítica, independiente y poco complaciente en el análisis de asuntos nacionales e internacionales.

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