Maltrato Animal

El maltrato animal: una mirada más allá

viernes 22 enero , 2021

Creado por:

Ángel Bello

Muchas personas, alguna vez, han proferido cierto nivel de agresión contra un animal. Eso no necesariamente es un indicador de anormalidad mental. Sin embargo, causar daño de manera directa, irracional, sádica y sistemática, provocar estrés, sufrimiento e, incluso, hasta la muerte, a esta especie, podría estar revelando la existencia de un cuadro psicopatológico en quien exhibe este comportamiento, el cual se extiende con frecuencia a acciones violentas contra otros seres humanos, incluida la propia familia. 

Muchos de los síntomas y los signos que acusa el maltratador de animales se corresponden con algunos de los trastornos destructivos del control de los impulsos y de la conducta (tales como el trastorno explosivo intermitente y el trastorno de la conducta), así como también con el trastorno de la personalidad antisocial, entre otros cuadros, de acuerdo con el “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales” (DSM-V por sus siglas en inglés), de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA).

Las personas que maltratan a los animales de manera consuetudinaria tienden no solo  a menospreciar la vida y los derechos más elementales de estos seres indefensos, sino también los de otros seres humanos, aprovechándose de su vulnerabilidad e indefensión. De esta manera, canalizan sus sentimientos de baja autoestima, baja tolerancia a la frustración, inseguridad y carencia de poder.

Estos cuadros se van gestando desde la infancia, etapa durante la cual ya el maltratador va dando muestras de transgresión recurrente a las normas sociales, tales como conductas deshonestas (robar, mentir) y desafío a la autoridad. También se van haciendo frecuentes la tortura y mutilación de animales. Todo esto, sin ningún tipo de expresión genuina de sentimientos de empatía, remordimiento o culpabilidad.

Con mucha frecuencia (no en todos los casos), el adulto maltratador fue un niño víctima de agresiones y abusos similares o iguales a los que hoy transfiere a sus víctimas.  Exhibe un comportamiento irritable, de resentimiento y enfado (se molesta con facilidad) y una actitud rencorosa y vengativa, perdiendo la calma y protagonizando episodios de violencia.

La falta de control de los impulsos se caracteriza también por las agresiones verbales, los berrinches, las peleas y los daños a la propiedad. Se pueden presentar también acosos, amenazas e intimidaciones contra otros, llegando, incluso, a las violaciones sexuales.

La prevención del maltrato animal comienza en el hogar, incentivando en los niños el cuidado y el respeto hacia sus mascotas, las cuales, aunque pertenecientes a otra especie, tienen derecho a vivir y a que se respete su integridad física.

Por su parte, el Estado está obligado a “… salvaguardar los derechos de los animales y su igualdad ante la vida y protegerlos contra el desprecio, el irrespeto, la desatención, el descuido, el abandono, el maltrato y la crueldad a que son sometidos, prohijando el cuidado de las especies y su hábitat” (Ley  248-12 de Protección Animal y Tenencia Responsable).

Estas medidas procuran no solo disminuir las probabilidades de cuadros relacionados con trastornos de conducta y de personalidad que podrían arrojar como resultado comportamientos violentos en perjuicio de los animales, sino también fomentar el desarrollo de actitudes de aceptación, empatía y compasión tan necesarias para unas relaciones sanas con los demás y para la convivencia pacífica en un mundo tan convulsionado como el de hoy.

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Ángel Bello

Ángel Bello

Psicólogo y consultor en Capacitación. Maestría en Gerencia y Productividad. Profesor de la Universidad Católica Santo Domingo.

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