Edad, nacionalidad y vía del parto: una lectura necesaria del sistema obstétrico público

martes 13 enero , 2026

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Yotin Pérez | Foto: Fuente externa

En el análisis de los sistemas de salud, los datos adquieren verdadero significado cuando se interpretan como expresiones de procesos, no como cifras aisladas. La información publicada por el Servicio Nacional de Salud correspondiente a 2025, que desagrega los partos atendidos en la red pública por grupo etario, vía del parto y nacionalidad, permite una lectura profunda sobre cómo está funcionando el modelo obstétrico dominicano en la práctica cotidiana.

El cuadro que acompaña este análisis no describe preferencias individuales ni comportamientos culturales aislados. Describe trayectorias de atención, es decir, la forma en que distintas poblaciones ingresan, transitan y son resueltas dentro del mismo sistema sanitario. Y esa distinción es fundamental para evitar interpretaciones simplistas o ideologizadas.

Un patrón consistente que atraviesa todas las edades

El primer elemento que debe destacarse es la consistencia del patrón observado. En el total de los nacimientos registrados, las mujeres dominicanas presentan una tasa de cesárea de 59.1 %, mientras que en las pacientes haitianas esta proporción desciende a 34 %, predominando claramente el parto vaginal.

Lo relevante no es solo la diferencia en el promedio general, sino que esta brecha se mantiene de forma estable en todos los grupos etarios, desde las adolescentes hasta las mujeres de edad materna avanzada. En epidemiología, cuando un patrón persiste a lo largo de distintos estratos de edad, se reduce la probabilidad de que estemos frente a un fenómeno puramente biológico y aumenta la probabilidad de que existan determinantes estructurales y organizativos.

Edad materna: riesgo creciente, respuesta desigual

Desde el punto de vista clínico, es incuestionable que la edad materna influye en la vía del parto. A mayor edad, mayor probabilidad de comorbilidades, antecedentes quirúrgicos, alteraciones metabólicas y complicaciones obstétricas que pueden justificar una cesárea. Sin embargo, los datos muestran que, aun cuando la cesárea aumenta con la edad en ambos grupos, la diferencia entre dominicanas y haitianas no se corrige.

Por ejemplo, en el grupo de 30 a 34 años, la cesárea alcanza 64.2 % en dominicanas, frente a 39 % en haitianas. Incluso entre los 40 y 44 años, donde el riesgo obstétrico es alto para todas las mujeres, las dominicanas superan el 63 %, mientras que las haitianas se mantienen por debajo del 44 %. Esto sugiere que el sistema no responde de la misma manera al riesgo dependiendo del perfil de la paciente, aun cuando la edad sea comparable.

La brecha comienza temprano

Uno de los hallazgos más reveladores aparece en los grupos etarios más jóvenes. En menores de 15 años, un grupo considerado de alto riesgo desde el punto de vista social y obstétrico, el 60.4 % de las dominicanas culmina en cesárea, mientras que casi el 68 % de las haitianas tiene parto vaginal. En adolescentes de 15 a 19 años, el patrón se repite: más de la mitad de las dominicanas por cesárea, frente a casi siete de cada diez haitianas por vía vaginal.

Aquí resulta difícil sostener que la diferencia responda a indicaciones clínicas estrictas. En estas edades, el mayor determinante suele ser el contexto social y la oportunidad de atención, lo que refuerza la hipótesis de que el momento de ingreso al sistema y la información disponible condicionan de manera decisiva la vía del parto.

Trayectorias de acceso y planificación

Una explicación técnicamente coherente para esta diferencia radica en las distintas trayectorias de acceso al sistema de salud. Las mujeres dominicanas, en general, tienen mayor probabilidad de iniciar control prenatal temprano, realizar múltiples consultas y ser seguidas de manera más sistemática durante el embarazo. Este contacto prolongado con el sistema facilita la identificación de factores de riesgo, pero también incrementa la programación de intervenciones, incluyendo cesáreas electivas o anticipadas.

En contraste, una proporción importante de las pacientes haitianas accede tardíamente a los servicios, con controles prenatales insuficientes o inexistentes, y en muchos casos ingresa ya en trabajo de parto avanzado. En ese contexto, la capacidad de planificar disminuye y el parto vaginal se convierte en la vía más viable desde el punto de vista clínico y operativo inmediato.

No se trata de afirmar que una población tenga partos “más fáciles” que otra, sino de reconocer que el sistema actúa de manera distinta cuando tiene tiempo para planificar que cuando se ve obligado a resolver en la urgencia.

La vía del parto como reflejo del modelo de atención

La cesárea, vista desde esta perspectiva, no debe analizarse como un evento aislado ni como un indicador moral. Es un marcador sensible del modelo de atención obstétrica. Refleja cuánta información tiene el sistema, cuánto margen de decisión posee el clínico y cuánta presión operativa existe al momento de resolver un parto.

Un sistema que ve temprano, evalúa, deriva y programa tiende a intervenir más. Un sistema que ve tarde, con información incompleta y bajo alta demanda, tiende a acompañar el proceso que ya está en curso. Ambos escenarios revelan limitaciones distintas, pero igualmente estructurales.

El riesgo de lecturas superficiales

Estos datos deben manejarse con extrema responsabilidad. Utilizarlos para construir narrativas estigmatizantes sería un error grave. Las diferencias observadas no hablan de capacidades biológicas, ni de preferencias culturales, ni de decisiones individuales aisladas. Hablan de inequidades en el acceso, diferencias en la oportunidad de atención y fallas en la organización del sistema.

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Dr. Yotin Ramón Pérez

Doctor en Medicina egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, postgrado en Obstetricia y Ginecología en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas. Profesor de Simulación Obstétrica en Intec. Diplomado en Gerencia y Gestión hospitalaria.

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