Desafíos del siglo XXI: en busca de un nuevo orden mundial y liderazgo

martes 9 abril , 2024

Creado por:

Julio Santana

El mundo presenta cambios que pueden alarmar o sencillamente hacer desfallecer cualquier voluntad de contribuir con sus avances progresivos. La mayoría no advierte que estamos frente al descalabro del orden de reglas y de instituciones de atribuciones globales de posguerra. No solo no funcionan, sino que, siguiendo los malos y trágicos ejemplos de las potencias occidentales, muchas naciones del llamado Sur Global comienzan a actuar por su cuenta, en detrimento de convenciones, acuerdos y compromisos internacionales. Un ejemplo al respecto puede ser la pobre justificación del presidente Noboa de Ecuador y el mismo hecho del asalto militar sin autorización de una sede diplomática, aunque estamos seguros de que este presidente no actuó por su cuenta bajo el pretexto de impedir que “se asilen delincuentes”.

La falta de visión objetiva y constructiva más allá de los intereses nacionales de procesos complejos globales y de alta peligrosidad de los actuales mandatarios occidentales. La manipulación descarnada y literal inutilidad de una institución como las Naciones Unidas. Las verduleras declaraciones del mandatario de una de las primeras potencias europeas de enviar tropas de la OTAN al frente ucraniano sin medir consecuencias. La continuidad de la matanza de civiles palestinos inocentes, mayoritariamente mujeres y niños, sometidos por lo demás a una hambruna que denota una tragedia de perfiles dantescos. El bombardeo ucraniano frecuente de la más grande central nuclear europea, contando con el apoyo del silencio de la UE y los Estados Unidos.

La falta de voluntad política para sentarse en la mesa de negociaciones con Rusia sobre la base del reconocimiento de la nueva realidad territorial. Las recientes declaraciones del presidente Milei sobre la necesidad de sumar dólares al sistema económico del país mediante el impulso de “un blanqueo flexible en cuanto al cuestionamiento sobre el origen del dinero” ("me importa un rábano de dónde saquen los dólares"). La exculpación por adelantado de parte de Washington de los neonazis ucranianos del brutal atentado terrorista en el Crocus City Hall de Moscú y las confusiones seniles de hechos históricos y personajes del presidente de la primera potencia mundial, son solo algunas evidencias de que no existe liderazgo occidental alguno y de que el “orden basado en reglas”, tan pregonado por los voceros de los títeres de las más poderosas élites occidentales, sencillamente no existe.

Una serie de crisis globales que han sacudido los cimientos de nuestras sociedades y economías, desde la pandemia mundial hasta la crisis climática y los conflictos geopolíticos, definen un conjunto de desafíos sin precedentes que requieren un liderazgo fuerte y visionario. La realidad es que estamos viviendo en una época de vacío de liderazgo, donde los dirigentes mundiales no muestran ningún interés en ofrecer respuestas efectivas y unificadas, atrapados visiblemente en las redes de los grandes intereses económicos y financieros de sus países.

El contexto actual nos recuerda obligadamente a figuras similares a Churchill, Kennedy o Roosevelt, que supieron enfrentar desafíos con firmeza y determinación. Hoy, más que nunca, necesitamos líderes que puedan inspirar confianza, unidad y acción en medio de la incertidumbre y la adversidad. Mi generación siente nostalgia por grandes líderes mundiales, principalmente occidentales, entre ellos la del británico Winston Churchill; el francés Charles de Gaulle; los hermanos Kennedy (John y Robert); el Papa Paulo Sexto y el judío-estadounidense Henry Kissinger. Desde el “Mundo Oriental” resonaban los nombres de Nikita Kruschev (que realmente evitó un desastre nuclear); Mao Tse-tung; Chou Enlai; Josip Broz Tito; Pandit Jawaharlal Nerhu; Chiang Kai-shek y Golda Meir.

En ellos y en sus biografías advertimos fuertes o excepcionales personalidades preocupadas, ciertamente, por el poder y los intereses geopolíticos de sus naciones, pero con una clara y responsable visión de los destinos vitales del mundo contemporáneo. Todos trabajaban con perseverancia, inteligencia y firmeza, ajenos a las frivolidades, ambigüedades y desatinos actuales. Ellos fueron reemplazados por una pléyade de grandes líderes emergidos en la segunda mitad del siglo XX cuyas personalidades, conocimientos y lucidez política no pueden ser comparados con los títeres y bufones de la presente centuria.

Uno de los retos es avanzar hacia un nuevo orden mundial, sin naciones-policías globales, sin intromisiones, con garantías fiables de respeto de la soberanía y derechos de los pueblos. Ese orden debe tomar muy en serio la creciente desigualdad económica y social. Sus líderes deben priorizar políticas que promuevan la equidad y la justicia social, garantizando que todos tengan la oportunidad de prosperar en una economía cambiante.

Igual, la crisis geopolítica está creando tensiones en todo el mundo, desde conflictos regionales hasta las rivalidades subsecuentes entre potencias mundiales. Es fundamental que los líderes trabajen juntos para promover la paz, la diplomacia y la cooperación internacional, en lugar de caer en el ultranacionalismo, el nefasto nazismo y la confrontación.

Una de las nuevas realidades que enfrentamos es la urgencia de abordar la crisis climática. Ella está afectando a comunidades de todo el mundo, causando desastres naturales, escasez de recursos y conflictos por el acceso a la tierra y el agua. Los líderes globales deben tomar medidas audaces para reducir las emisiones de carbono, promover la energía renovable y proteger nuestros ecosistemas antes de que sea demasiado tarde.

En este contexto, es crucial que surjan nuevos líderes capaces de enfrentar los desafíos del siglo XXI con valentía y visión. Estos líderes deben estar dispuestos a escuchar a sus ciudadanos, trabajar en estrecha colaboración con otros países, respetar los acuerdos y tomar decisiones difíciles en beneficio del bien común y a la supervivencia del planeta. No pueden permitirse caer en la complacencia, la indiferencia o los extremos políticos y el egoísmo nacional, sino que deben actuar con determinación, lucidez, alto sentido de responsabilidad global y empatía en todo momento.

Solo con líderes comprometidos y visionarios podemos esperar construir un futuro más justo, sostenible y pacífico para las generaciones venideras. De lo contrario, marchamos hacia la activación de las ultrasecretas claves de los maletines nucleares.

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Julio Santana

Economista (Ph.D) y especialista en sistemas nacionales de calidad, planificación estratégica y normatividad de la Administración Pública. Fue director de la antigua Dirección de Normas y Sistemas de Calidad (Digenor).

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