Brasil registró en 2018 un déficit nominal en sus cuentas públicas de 487.442 millones de reales (unos 131.741 millones de dólares), valor equivalente al 7,09 % del producto interior bruto (PIB) del país y el menor en los últimos cuatro años, informó este jueves el Banco Central.
El saldo negativo entre los ingresos y los gastos del Estado brasileño se redujo en un 4,69 % en comparación con el de 2017, cuando el país acumuló un déficit de 511.408 millones de reales (unos 138.218,4 millones de dólares), equivalente al 7,80 % del PIB.
El déficit fiscal de Brasil llegó a ser equivalente al 10,22 % del PIB en 2015 y al 8,98 % del PIB en 2016, pero cayó gracias a las medidas fiscales impulsadas por el entonces presidente, Michel Temer, que decretó la congelación de los gastos públicos.
El saldo negativo en las cuentas públicas en 2018, sin embargo, aún está muy por encima del registrado en 2014, cuando el déficit sumó 343.916 millones de reales (unos 92.950,3 millones de dólares).
El llamado saldo nominal de las cuentas públicas mide la diferencia entre los ingresos y los gastos del Estado en general, incluyendo los del Gobierno central, las empresas estatales y de las administraciones regionales y municipales.
Pese a la reducción del déficit, el porcentaje continúa siendo considerado preocupante por las agencias de calificación de riesgo y una amenaza a la capacidad del país de honrar todos sus compromisos.
La reducción del déficit fue resultado de las medidas que Temer adoptó desde 2016 para sanear las cuentas públicas, cuyo gigantesco saldo en rojo es considerado como una de las mayores trabas al crecimiento del país.
Temer impulsó una agenda económica de corte liberal, basada en privatizaciones, recortes presupuestarios y reformas estructurales, incluyendo una severa reforma laboral, con el objetivo de superar la dura recesión que Brasil sufrió entre 2015 y 2016.
El nuevo presidente, el ultraderechista Jair Bolsonaro, ha dejado claro que igualmente adoptará una política económica liberal para equilibrar las cuentas y que la profundizará en algunas áreas, como en la reducción del Estado y en las privatizaciones.
Bolsonaro también pretende presentar una reforma al régimen de jubilaciones, considerada imprescindible por el mercado financiero para revertir el abultado déficit público de Brasil.
El Banco Central informó igualmente que el déficit primario, que no incluye lo que el Estado destina al pago de intereses de deuda pero que el Gobierno usa como referencia para medir la situación de las cuentas públicas, terminó 2018 en terreno negativo por quinto año consecutivo.
El déficit primario de Brasil el año pasado fue de 108.258 millones de reales (unos 29.258,9 millones de dólares), equivalente al 1,57 % del PIB e igualmente el menor en los últimos 4 años. El saldo negativo de 2018 fue en un 2,1 % inferior al de 2017 (110.583 millones de reales o 29.887,3 millones de dólares).
Esa reducción le permitió al Gobierno terminar el año con un déficit primario en las cuentas públicas muy inferior a la meta que se impuso para 2018, que era de 161.300 millones de reales (unos 43.594,6 millones de dólares).
En cuanto a la deuda bruta del sector público brasileño en general, el Banco Central informó que ascendió en diciembre del año pasado a 5,272 billones de reales (unos 1,425 billones de dólares), el equivalente al 76,7 % del PIB.
La deuda creció frente al 74,1 % del PIB medido en diciembre de 2017 y al 51,5 % del PIB al que equivalía a finales de 2013.
El elevado valor de la deuda pública brasileña es uno de los indicadores que más preocupa a las agencias de calificación de riesgo. De acuerdo con los datos del Fondo Monetario Internacional, la deuda bruta de otros países emergentes como Brasil no supera el 50 % del PIB.