Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, pueden esperar razonablemente que sucedan dos cosas mientras se acostumbran a su nueva vida cotidiana en el famoso Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn (MDC, por sus siglas en inglés): estarán incómodos y estarán fuera de peligro.
“Realmente es un infierno”, aseguró el consultor de prisiones federales Sam Mangel. “Hay muy poco aire acondicionado. Hay muy poca calefacción. Cada recluso recibe una manta de lana. Duermen en un colchón muy delgado combinado con una almohada de dos pulgadas (unos 5 cms) sobre una losa de metal”.
El derrocado presidente de Venezuela y la primera dama son los más recientes detenidos de alto perfil retenidos en la cárcel federal conocida como MDC, con un historial documentado de cortes de energía, escasez de personal y quejas de los detenidos.
La Oficina Federal de Prisiones no comenta sobre los reclusos actuales, pero Mangel dijo que probablemente Maduro y Flores estén alojados en una zona segregada, no con la población general, en celdas separadas y solos.
“En su caso, él representa un riesgo de seguridad en la población general”, dijo Mangel. “Nadie sabe qué pueden pensar otros reclusos de él, otros miembros de pandillas, otros miembros de carteles, así que ponerlo en población general en cualquier momento… Creo que sería un enorme riesgo de seguridad para la instalación”.
Antes de su captura por las fuerzas estadounidenses el sábado, la pareja había vivido en el Palacio de Miraflores, una amplia residencia presidencial conocida por su arquitectura neoclásica, grandes ventanales, salones majestuosos y patios bien cuidados.
