La Escuela Económica

Balanza de Pagos y Cuenta Corriente en macroeconomía

jueves 28 enero , 2021

Creado por:

Esteban Delgado | Foto: Kelvin de la Cruz

Cada vez que el Banco Central ofrece datos sobre el comportamiento de la economía dominicana, menciona los indicadores de la Balanza de Pagos y de la Cuenta Corriente, aspectos a los cuales el público común les prestas poca atención, pero que son de vital importancia para los actores económicos, especialmente los de vínculos con el exterior.

La Balanza de Pagos es un instrumento contable macroeconómico que registra todas las transacciones que realiza un país con el resto del mundo durante un período determinado. Esto incluye los ingresos y pagos por medio de importaciones y exportaciones de bienes, de servicios, de capital, así como transferencias y otras operaciones.

La Cuenta Corriente forma parte de la Balanza de Pagos junto con otras “cuentas”, aunque ésta es la de más ponderación a la hora de analizar el comportamiento de la relación económica de un país con el exterior.

Las cuatro patas en la mesa que conforma la Balanza de Pagos son: balanza de Cuenta Corriente, que incluye las importaciones y exportaciones de bienes y servicios, así como de rentas y transferencias, especialmente remesas, los préstamos, las inversiones o depósitos que realiza un país con el resto del mundo.

La Cuenta Corriente contiene, a su vez, cuatro subcuentas, que son las balanzas Comercial (transacciones de importación y exportación de bienes), de Servicios (ingresos y egresos por servicios), de Rentas (remuneraciones de trabajo de extranjeros, intereses de inversiones, dividendos de empresas extranjeras y rendimientos o pagos por deudas de éstas) y de Transferencias (incluye transferencias en efectivo como las remesas de trabadores inmigrantes o pensiones de extranjeros residentes).

La segunda pata de la mesa es la balanza de Cuenta de Capital, donde se registra el movimiento de capitales desde y hacia el extranjero como las ayudas o compra y venta de bienes no financieros.

Luego está la balanza de Cuenta Financiera, que incluye los préstamos que pide o concede un país al extranjero, las inversiones, depósitos y otras operaciones financieras que se constituyen en contrapartida a las transacciones de las cuentas Corriente y de Capital.

Por último, está la controversial Cuenta de “Errores y Omisiones”, que busca “ajustar” los números, dada la dificultad de calcular con precisión exacta los ingresos y egresos de un país frente al resto del mundo.

Es un tanto controversial, porque, además de reflejar problemas de compatibilidad estadística, trata de mostrar en forma indirecta las transacciones no declaradas, como fuga de capitales o lavado de activos que pueden ser de procedencia dudosa y hasta ilegal.

Cada balanza tiene un saldo independiente que puede ser negativo o positivo, es decir, de déficit cuando haya mayor entrada de divisas al país, o superávit si la salida fue mayor que lo ingresado.

Los déficits y superávits de cuenta corriente son complementados con flujos de signo contrario en el resto de las cuentas, pues se asume que si un país tiene más compras que ventas ha de obtener el dinero de algún lado como préstamos o inversiones.

Por ejemplo, República Dominicana mantiene un déficit de cuenta corriente prácticamente constante cada año, el cual tiene que financiar a través de su cuenta financiera con la emisión de deuda o flujos de inversión.

Esto es así porque el objetivo no es que cada balanza esté equilibrada de manera individual, sino que una complemente a la otra, para que al final se mantenga el equilibro de la Balanza de Pagos como un todo. Es decir, el objetivo final es el equilibrio de la Balanza de Pagos.

Al principio dije que la gente común no presta atención a la Balanza de Pagos, pero sí los actores económicos, especialmente los que transan con el exterior, debido a que sus indicadores ayudan a evaluar la economía de un país en relación con el resto del mundo.

Los resultados de la Balanza de Pagos permiten formar expectativas para la toma de mejores decisiones de negocios, tanto de empresarios nacionales que producen bienes y servicios de consumo externo, como de extranjeros establecidos en el país o que tienen alguna relación comercial aquí.

Se estima que la inversión extranjera directa en República Dominicana representa alrededor de una cuarta parte del producto interno bruto.

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Esteban Delgado

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