El pasado viernes 21 se celebró el Día Mundial de la Paz. En ese sentido, podría decirse que la pobreza, la violencia y la corrupción han representado tres de las principales barreras para el desarrollo. América Latina y El Caribe, como región, “ (…) se enfrentó exitosamente (…) a la meta de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de reducir a la mitad la pobreza extrema (…)”, de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)*.
También, durante los últimos lustros se detectó un descenso significativo de la desigualdad, aunque en el más reciente cuatrienio se ha estancado*. La tierra de Dessalines continúa siendo el principal desafío en el hemisferio, donde ocho de cada diez haitianos viven en la extrema pobreza (Visión Mundial).
Una mirada al mapa de conflictos nos obliga a hacer un alto en Venezuela, México, Colombia y Nicaragua, donde la tasa de violencia ha alcanzado niveles dramáticos. En el primer caso, Nicolás Maduro luce entrampado en un proyecto de una Gran Colombia rescatado por Hugo Chávez y que ha pasado de ser del sueño acariciado por El Libertador de América y Francisco de Miranda, a la pesadilla de millones de venezolanos víctimas de la violencia y el hambre.
En México, los carteles de drogas han impuesto las reglas del juego de manera que, según el Instituto Nacional de Estadísticas de ese país, los aztecas tienen una tasa de homicidios de 25 por cada 100 mil habitantes. El panorama llama tanto la atención, que cada día en Jalisco cualquiera “se raja” del horror al observar varias unidades de camiones conteniendo cientos de cadáveres bajo el alegato de que la morgue de Guadalajara se encuentra saturada.
Colombia, en su proceso de paz con las FARC, aún transita por un terreno donde los alegatos de incumplimientos y las disidencias parecieran minas antipersonas que amenazan con mutilar el proceso. En Nicaragua comienza a asomarse el fantasma de la guerra civil. Más de 300 muertos, producto de las protestas de una población que exige la renuncia de Daniel Ortega, así lo sugieren.
La corrupción reclama su espacio. Se trata del principal escollo en la lucha contra la pobreza y el alto déficit motivacional que registra la región. Un presidente brasileño que hasta hace apenas ocho años fue el referente para sus homólogos de América Latina, hoy se encuentra en prisión. La misma suerte estaría corriendo la argentina Cristina Fernández de Kirchner, supuestamente vinculada a unos cuadernos con unos apuntes que van mucho más allá de “Mi mamá me mima”. Mientras tanto, el exmandatario peruano Pedro Pablo Kuckynski podría ser enviado también a la lista de incapacitados cuando tenga que responder por supuestos sobornos para evitar ser destituido, como en efecto lo fue.
El emblemático caso Odebrecht extendió sus tentáculos por casi toda Latinoamérica, incluyendo la República Dominicana. Así esperamos que, más temprano que tarde, los dominicanos podamos celebrar el Día Mundial de la Paz con condenas a tantos sobornos y sobrevaluaciones, cuyas astronómicas cifras han ruborizado al pueblo muchísimo más que el video pornográfico resultado del presunto hackeo a la valla publicitaria ubicada en las intersecciones de las avenidas 27 de Febrero y Abraham Lincoln de esta ciudad.
*Véase ediciones No. 124 y 125 de la Revista de la CEPAL.
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