En República Dominicana está creciendo una práctica que, aunque se disfraza de empatía y apoyo maternal, encierra un problema serio de salud pública: la proliferación de asesorías al parto, acompañamientos emocionales y servicios de “coach de lactancia” ejercidos sin regulación sanitaria, sin control académico y sin responsabilidad institucional.
Lo que pudo ser un recurso complementario para humanizar la experiencia del nacimiento, hoy se ha convertido en una puerta abierta a la improvisación, a la desinformación y —en algunos casos— al intrusismo profesional.
La delgada línea entre acompañar y asumir funciones clínicas
El acompañamiento en el parto es una práctica reconocida y valorada. La presencia de una persona que brinde apoyo emocional, físico o psicológico puede aportar beneficios claros: tranquilidad, confianza y mejor experiencia del proceso.
Pero una cosa es acompañar, y otra muy distinta es intervenir.
En los últimos años hemos visto en el país cómo personas sin formación médica, sin título sanitario, ni licencia profesional, ofrecen “asesorías de parto”, recomiendan o desaconsejan tratamientos, critican intervenciones médicas, e incluso orientan sobre maniobras obstétricas o medicamentos.
Ese tipo de actuación no es acompañamiento: es intrusión en la práctica médica. Y en obstetricia, donde cada minuto cuenta, esa imprudencia puede costar vidas.
El vacío legal dominicano
La realidad es que en República Dominicana no existe ninguna ley, reglamento ni resolución del Ministerio de Salud Pública que regule el ejercicio de estas asesorías.
No hay requisitos de formación, ni registro, ni sistema de supervisión.
Cualquiera puede autoproclamarse “doula”, “coach perinatal” o “asesora de lactancia” y comenzar a ofrecer servicios, en persona o por redes sociales, sin rendir cuentas a ninguna autoridad sanitaria.
Esto ha generado una peligrosa distorsión: las madres, buscando acompañamiento, terminan recibiendo orientación sanitaria de personas que no tienen ni el conocimiento ni la responsabilidad para hacerlo.
Algunas promueven prácticas no avaladas por la evidencia científica, como rechazar el uso de oxitocina, inducir partos sin control médico o prolongar lactancias sin valorar condiciones clínicas.
El problema no es el acompañamiento, sino la falta de regulación y el exceso de atrevimiento.
El deber del Estado y las instituciones
La salud materna y neonatal es una prioridad nacional. Si algo ha enseñado la lucha por reducir la mortalidad materna en el país, es que no se puede bajar la guardia ante ningún factor que ponga en riesgo a las embarazadas o a sus bebés.
Por eso, el Ministerio de Salud Pública, junto a las sociedades médicas y universidades, debe establecer un marco de regulación formal para estas figuras.
La creación de un Registro Nacional de Asesoras Perinatales y de Lactancia, con requisitos mínimos de formación, acreditación avalada por instituciones reconocidas y protocolos de supervisión, sería un primer paso para ordenar el ejercicio y proteger a las usuarias.
Del mismo modo, los hospitales, clínicas privadas y maternidades deben definir políticas internas que solo permitan el acceso de personal acreditado y reconocido por el Ministerio de Salud.
Regular no es excluir: es proteger
Regular no significa impedir que las mujeres reciban acompañamiento humano. Significa garantizar que ese acompañamiento sea seguro, ético y basado en evidencia.
Una madre tiene derecho a sentirse acompañada, pero también tiene derecho a estar protegida por profesionales responsables y formados.
La empatía no se opone a la ciencia. Pero cuando se ejerce sin límites, sin supervisión y sin responsabilidad, deja de ser acompañamiento y se convierte en un riesgo.
Un llamado urgente desde la obstetricia dominicana
El país no puede seguir tolerando que la falta de regulación se convierta en una grieta dentro de la atención materna.
Las asesorías de parto y lactancia deben ser aliadas del sistema de salud, no sustitutas del personal médico.
No se puede hablar de empoderamiento femenino mientras se expone a las mujeres a decisiones que comprometen su salud y la de sus hijos.
Desde esta tribuna hago un llamado directo al Ministerio de Salud Pública, al Colegio Médico Dominicano, Sociedades médicas especializadas, así como a todas las instituciones vinculadas: urge establecer reglas claras, registro, formación y control sobre estas prácticas.
La maternidad no es un negocio, ni una moda en redes.
Es un proceso biológico complejo que requiere acompañamiento humano, sí, pero también conocimiento, responsabilidad y respeto por la vida.
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