Angel Bello

¿Una cosa es con guitarra y la otra con violín?

martes 12 febrero , 2019

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Foto: Ángel Bello

La garantía de los Derechos Humanos, así como el respeto a los valores inherentes a la convivencia en democracia, no solo es responsabilidad de los gobernantes.  Es necesario también que los demás servidores públicos asuman el compromiso de procurar el cumplimiento de estas prerrogativas constitucionales.

Pero tampoco basta con demandar del Estado propiciar un clima donde impere el derecho de los ciudadanos a vivir en una sociedad equitativa, sino que, además, urge que cada ciudadano cumpla con los deberes que le corresponden y se convierta en un referente de comportamiento cívico sin importar las contingencias del momento.

Hace unos años, me encontraba en el auditorio de una institución del sector oficial donde se iba a celebrar un gran evento.  Algunos empleados se encontraban aún adecuando el lugar con una atractiva decoración y un elegante ambiente, en consonancia con la relevancia de la ocasión.  A la magna actividad asistiría el Director Ejecutivo, por lo cual el equipo organizador del acto debía hacer su mayor esfuerzo para garantizar un éxito rotundo.

Mientras yo sostenía una conversación con algunos gerentes medios de la institución, se nos acercó, con las huellas del agotamiento marcadas en su rostro, uno de los empleados que laboraban en la carpintería del suntuoso evento (le llamaremos Juan).  Se dirigió a nosotros en los siguientes términos:  “No es justo”, a lo cual yo respondí:  “¿Que no es justo qué?”.  De inmediato, mi inquietud obtuvo respuesta: “Yo he estado aquí la jornada de ayer completa y lo que va de la de hoy, trabajando duro en el montaje de este acto.  Sin embargo, Raúl (llamemos así al otro empleado al que él se refirió) es también parte de este equipo, pero ayer brilló por su ausencia y ahora llega, vestido elegantemente, muy sonriente y relajado, después que todo está prácticamente montado”.

Ante la queja de Juan acerca de lo que él interpretaba como inequidad y discriminación laboral en su perjuicio, uno de los gerentes que allí se encontraban (Pedro sería) le respondió, de manera expedita y sin ningún tipo de reservas, en los siguientes términos:  “Juan, amigo mío, no seas tonto. Raúl se conduce de esa manera sencillamente porque está ‘pegao’ con el jefe, eso es todo.  Pero no te preocupes, porque cuando el jefe sea yo, quien va a estar ‘pegao’ serás tú”.

A modo de reflexión, quisiera, amable lector, dejarle las siguientes preguntas:  ¿Cree usted que cuando Pedro sea “el jefe” Juan recordará su pasado, cuando deploraba los abusos de poder en su contra, y procederá a impulsar desde su nueva posición un entorno laboral y una sociedad más justa?  ¿Utilizará Juan el poder que le otorgará su nuevo jefe para ser un ejemplo en la institución propiciando un clima organizacional satisfactorio para todos sus compañeros de trabajo?  ¿O, por lo contrario, aprovechará esa oportunidad tan solo para su beneficio personal, asumiendo el comportamiento de Raúl que él criticaba?

¿Cuántos “Juan” que luego se convierten en “Raúl” hay en República Dominicana?  ¿Es usted un “Juan” con aspiraciones enmascaradas de llegar a ser “Raúl” o piensa marcar la diferencia?  ¿Trabaja usted para perpetuar los antivalores que dificultan el logro del bien común o está dispuesto a ser parte del cambio?

¡Hasta una próxima entrega!


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Ángel Bello

Ángel Bello

Psicólogo con especialidad en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.

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