Amaury Pineda Cacique y presidente

En defensa de Melton Pineda y los pantaloncitos cortos

lunes 1 octubre , 2018

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Foto: Amaury Pineda

El denominado caso Pablo Ross ha reanimado el debate sobre el acoso, agresión y violación sexual. Dentro de este debate hay un subgénero que trata lo referente a si existen causas atenuantes que beneficien al agresor y si la víctima pudiera tener algún grado de responsabilidad.

En términos estrictamente legales el debate es simple. El artículo 309-4 de nuestro Código Penal establece que en todo lo referente a violencia de tipo sexual: “El tribunal dictará orden de protección a favor de la víctima de violencia, no pudiendo, en ningún caso, acogerse a circunstancias atenuantes en provecho del agresor”.

En el caso específico de Pablo Ross, el Art. 332-2 del CPD indica que el incesto: “se castiga con el máximo de la reclusión, sin que pueda acogerse en favor de los prevenidos de ella circunstancias atenuantes”. A esto hay que añadir que nuestra legislación no contempla el vestir faldas o pantalones cortos o ninguna otra prenda femenina como una provocación que excuse o atenúe la agresión sexual. Entonces, si la ley deja este tema aclarado, ¿por qué hay quienes entienden que las víctimas de agresión sexual deben vigilar su comportamiento o vestuario para prevenir este siniestro crimen?

La semana pasada, el comunicador Melton Pineda (a quien no conozco ni con quien guardo parentesco a pesar de llevar el mismo apellido) emitió una serie de comentarios en los cuales infirió que los padres deberían prohibirles a sus hijas vestir pantalones cortos que exhiban sus caderas. Tanto en su programa, como en otros, muchos colegas de Pineda se encargaron de refutar sus alegatos y, al hacerlo, entiendo que también exageraron la posición que él planteó.

Me explico. Pienso que dentro del subgénero que tratamos existen dos temas, uno de derecho y otro de seguridad. En cuanto al derecho, en nuestra ordenación jurídica lo que la ley no prohíbe está permitido. Por ejemplo, no está prohibido hablar por el teléfono celular mientras uno camina por las calles de la ciudad. Sin embargo, dada la situación de inseguridad que se vive en la República Dominicana, es aconsejable no sacar el celular en la vía publica porque al hacerlo nos exponemos a ser víctimas de un atraco.

Reitero, todos tenemos el derecho de usar el celular en público (si no se esta frente al volante), pero por un asunto de seguridad es aconsejable no hacerlo.

Por otra parte, la persona que saca su celular en la vía pública y es asaltado no ha provocado al ladrón. Su comportamiento lo expuso a ser una víctima, pero esto no constituye una provocación sino un factor de riesgo y, por lo tanto, no atenúa el robo ni excusa al ladrón.

Entiendo que, si escuchan el audio en que el comunicador Melton Pineda plantea que los padres regulen la vestimenta de sus niñas, se darán cuenta de que él trata (erróneamente) el uso de los pantaloncitos cortos en las niñas como un factor de riesgo y no como una provocación.

Pienso que Melton Pineda dejó bien claro que él no contempla el vestuario de las niñas y de las mujeres como una excusa para la agresión sexual. No obstante, entiendo que su error estuvo en creer que, así como el uso del celular en la calle es un factor de riesgo para los transeúntes, ciertas indumentarias son un factor de riesgo para las niñas y las mujeres.

Desafortunadamente, al igual que Melton Pineda, muchas personas creen en el mito de que algunas prendas de vestir pueden provocar una agresión sexual. Nada más falso.

En el caso de las niñas, los factores de riesgo principales son la ausencia de uno de los padres, tener una madre con bajo nivel educativo, la pobreza, falta de afectividad del tutor(a), y que la niña tenga problemas de salud física o mental, entre otros. Es decir, los factores que vulneran la seguridad sexual de las niñas son de orden familiar y social no de vestimenta.

Investigaciones realizadas sobre el comportamiento de los pedófilos demuestran que estos delincuentes tienden a seleccionar niños y niñas en familias encabezadas por una madre soltera que abrumada por diferentes quehaceres permite la atención que un “amigo” o novio muestra a sus hijos (Conte et al., 1989). De hecho, vivir separados de la madre o el padre y la presencia de un padrastro durante la infancia aumentan el riesgo de abuso sexual en los niños, niñas y adolescentes (Fleming et y otros., 1997; y Vogeltanz y otros, 1999).

En adultos, el acoso sexual es más complejo y debe ser estudiado en su contexto. Los factores de riesgo varían dependiendo de las circunstancias que rodean el hecho. Por ejemplo, el consumo excesivo de alcohol es un factor de alto riesgo de violación sexual entre las jóvenes universitarias en EE. UU. (Abbey y otros 2004). Mientras que un ambiente laboral poco profesional y el machismo son de las causas más comunes de acoso sexual en los trabajos (O’Hare & O’Donohue 1998).

En ninguno de estos casos la vestimenta representa un factor de riesgo ni constituye una provocación. Un ejemplo palpable de esto es el acoso del que son víctimas muchas mujeres musulmanas en Arabia Saudita, Irán, la India y Nigeria en otros países con un gran número de musulmanes.

A pesar de ir vestidas con un hijab y cubiertas de pies a cabeza, muchas mujeres musulmanas son víctimas de acoso y violencia sexual1.

Lo mismo aplica a mujeres dentro de la milicia. Mujeres uniformadas que no rompen con el código de vestimenta que establecen las fuerzas castrenses también son víctimas de acoso sexual2. En fin, la vestimenta como factor de riesgo de agresión sexual es un mito que desgraciadamente aun sigue siendo propagado.

En conclusión, entiendo el comunicador Melton Pineda no trató de excusar la agresión sexual. Pienso que Pineda compartió medidas que, desatinadamente, él entiende eficientes para aumentar la seguridad de las niñas. Por su falta de conocimiento sobre el tema, Pineda cometió el grave error de creer que controlando la vestimenta de las niñas se alcanza su seguridad. Como ya detallé, son otros los factores de riesgo y nada tienen que ver con la indumentaria. En vez de despotricar contra los que aún creen que la vestimenta es un factor de riesgo, creo más provechoso educar a estas personas para que se conviertan en multiplicadores de información útil.

1 https://www.npr.org/sections/goatsandsoda/2018/02/26/588855132/-mosquemetoo-gives-muslim-women-a-voice-about-sexual-misconduct-at-mecca
2 https://dod.defense.gov/News/Article/Article/1508127/dod-releases-annual-report-on-sexual-assault-in-military/ 
Abbey, A., Zawacki, T., Buck, P. O., Clinton, A. M., & McAuslan, P. (2004). Sexual assault and alcohol consumption: what do we know about their relationship and what types of research are still needed? Aggression and Violent Behavior, 9, 271e303.
Conte, J. R., Wolf, S., & Smith, T. (1989). What sexual offenders tell us about prevention strategies. Child Abuse & Neglect, 13, 293–301.
Fleming, J., Mullen, P. E., & Bammer, G. (1997). A study of potential risk factors for sexual abuse in childhood. Child Abuse & Neglect, 21, 49–58.
O’Hare, E., & O’Donohue, A. (1998). Sexual Harassment: Identifying Risk Factors. Archives of Sexual Behavior, 27(6), 561-580.
Vogeltanz, N. D., Wilsnack, S. C., Harris, T. R., Wilsnack, R. W., Wonderlich, S. A., & Kristjanson, A. F. (1999). Prevalence and risk factors for childhood sexual abuse in women: National survey findings. Child Abuse & Neglect, 23, 579–592

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Amaury Pineda

Amaury Pineda

Postulante a doctorado en ciencias políticas, Western Michigan University, EE.UU. Licenciado en Derecho, egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

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