¿Democracia, dijo?

miércoles 24 octubre , 2018

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Ana Bélgica | Foto: Kelvin de la Cruz

En 1980 el Informe McBride de la UNESCO escandalizó a las naciones con su consigna “Un solo mundo, voces múltiples”, en el que denunciaba la “peligrosa” tendencia hacia la concentración y transnacionalización de los medios de comunicación, como una amenaza grave para la existencia de una prensa libre y plural y por consiguiente para la democracia.

Treinta y ocho años después hemos tocado fondo y los medios tienen hoy menos dueños, basta ver los casos de Argentina, Brasil y México, donde la concentración ha llegado a niveles impensables, ni siquiera por los pronósticos de la comisión que realizó el citado informe.  Nuestro país no está lejos de ese panorama.

Esta preocupación sigue teniendo vigencia por la importancia que tienen los medios de comunicación en su función de mediación entre las necesidades de los pueblos y el buen gobierno, como garantía de la estabilidad de la democracia.

Lo escrito por Raúl Trejo en el prólogo del libro de José Luis Exeni ,titulado MediaMorfosis: comunicación política e in/gobernabilidad en democracia, permite entender mejor lo determinantes que pueden ser los medios de comunicación para la convivencia, cuando afirma: “Independientemente de que esa capacidad para perturbar o influir en los asuntos públicos sea pertinente o no a los intereses de la sociedad, el gran desafío que los medios de comunicación de masas implican para las instituciones políticas radica en la enorme autonomía que alcanzan respecto del Estado y, también, respecto de la sociedad”.   

Esa autonomía que describe Trejo es la que permite que la ciudadanía esté bien informada, pero también es la que hace que tenga tanto éxito el fenómeno de las “fake news” (noticias falsas) que evidencia la postverdad que nos toca vivir en esta época de los absurdos, en la que un fascista, racista, homofóbico y misógino puede llegar a ganar unas elecciones.

Esta mediatización se produce por la percepción que crean los medios y los propios políticos que los utilizan, quienes a través de falsas informaciones hacen cundir el pánico en las masas desprovistas de un sistema propio de verificación de las fuentes.

La primera enseñanza que reciben los estudiantes de comunicación en las universidades es que deben comprobar la autenticidad de cada fuente y contrastarlas, pero esto se enfrenta a la realidad de que hasta los propios medios sucumben ante estas informaciones falsas y las publican, y de esos, lamentablemente, hemos presenciado muchos casos.

Hay que tomar como referencia el problema tan grave en el que nos encontramos, para que lleguemos a estar a la altura de las circunstancias, porque enfrentar los problemas presentes requerirá del ingenio y de la preparación crítica, que permita innovar en los modos para comunicar y ayudar a las personas a descubrir cuándo una información es falsa y cuándo es real.

Es posible que la respuesta venga de la mano de los medios alternativos, que suelen ser verdaderos ejércitos de mediación diseminados en pequeños espacios comunitarios, que construyen relaciones francas con sus audiencias, como aquella de Radio Luna en Ecuador, que hizo que el presidente Bucaram, (que se dedicaba a dar pan y circo a la gente, mediatizada por las grandes corporaciones informativas), saliera huyendo en medio de la noche, luego de que esta radio comunitaria abriera sus micrófonos a la ciudadanía y comenzaron los cacerolazos que luego se convirtieron en manifestaciones colectivas.

Los medios alternativos hoy también son un fenómeno de internet, así que en cualquiera de los casos posibles la ciudadanía es también compromisaria de encontrar nuevas formas de verificar los datos que recibe, para que esta democracia deje de ser representativa de los intereses de unos pocos en detrimento de los pueblos.


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Ana Bélgica Guichardo

Ana Bélgica Guichardo

Docente y periodista. Doctoranda de segundo año en Comunicación y Periodismo con una tesis sobre el uso de las nuevas tecnologías. Especializada en Tecnología Educativa y en Gestión Universitaria. Diplomada en Redacción Académica.

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