Cuando una persona decide cambiar su dieta, se pregunta qué tipo de harina es más saludable para no padecer de algún trastorno digestivo y poder evacuar de manera adecuada lo que come.

El gastroenterólogo Alberto Santana explica que hay dos tipos de harina, la refinada (conocida como blanca) y la harina integral.

Santana indica que uno de los beneficios de la harina blanca es que se va rápido del estómago y es más fácil de dirigir, sin embargo, una gran desventaja que tiene es la falta de nutrientes.

"Se fermenta, como la azúcar, y al fermentarse se producen gases, y dentro de esos gases hay uno llamado amonio que provoca procesos irritativos en el cerebro", detalla. Además, el amonio tiene alcohol que no es procesado por el hígado.

Este tipo de harina es muy conocida y utilizada por las pesonas para la preparación de galletas, empanas, pasteles, entre otras comidas.

Mientras que la harina integral es rica en fibra, lo que ayuda a la movilidad intestinal y prevenir el estreñimiento. Para evitar el estreñimiento, es necesario además, el agua y la motilidad, los estímulos que reciben los intestinos por el cerebro.

"La fibra es como una esponja, no solo que hace el bolo fecal, sino que absorbe grasas y azúcares", añade durante su participación en La Receta Médica.

Otra importancia de la fibra es que ejercita los intestino, en especial el grueso (el colón) donde se producen la mayoría de las enfermedades.