Por: Romina Vásquez (comunicadora social con una especialidad en periodismo de la Universidad Complutense de Madrid. Tiene más de nueve años de experiencia; se dedica a las relaciones públicas y a la comunicación corporativa). 

No sé ustedes, pero yo quede bastante sorprendida con la tarjeta de Navidad del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Me remonté de inmediato a mis inicios como periodista en el desaparecido periódico Clave Digital. 

Recuerdo que me enviaron a cubrir una especie de mitin de Amable Aristy Castro, quien en ese momento pertenecía al Partido Reformista Social Cristiano (PRSC). Me asombró que la gente se dejara literalmente maltratar por 1,000 pesos, por una silla de ruedas, por una canasta con arroz con aceite, o por un radio pequeño de pilas. 

Esa tarjeta no solo me remontó a ese momento, sino que me recordó que hay conductas que no han cambiado, que seguimos viendo y que, aparentemente y lastimosamente, seguirán pasando. 

Todavía las entidades del Estado siguen gastando millones de pesos en canastas navideñas, en fundas para los más necesitados, en regalos costosos para sus relacionados, en fin, llevando a cabo acciones que en lugar de fomentar el emprendimiento, el empoderamiento y la creación de fuentes de empleo en beneficio de los ciudadanos, lo que promueven es el paternalismo de los tiempos de Balaguer. 

Entonces, ¿qué puede percibir la población del PLD con esa tarjeta de Navidad? Muchos dirán que no se puede ser tan exagerado, que es una simple tarjeta, pero es que cuando hablamos de una organización como esta, que además es el partido de gobierno, cualquier detalle comunica y afecta de manera considerable la reputación y credibilidad de la entidad. 

Para comunicar progreso, estabilidad de la tasa del dólar y felicidad (que según este partido era la intención que tenían con la tarjeta) no era necesario colocar dos manos abiertas en el cielo de las cuales caía dinero, mientras adultos, niños y mascotas corrían para alcanzarlo. 

Hubiera bastado con un árbol de Navidad, una estrella amarilla, un paisaje o una sonrisa amplía para que el mensaje que querían transmitir se entendiera. Sin embargo, lo que se percibió es que el pueblo tiene una necesidad tan grande de que le regalen cosas, de que le den migajas y que esta organización está dispuesta a cubrirla. 

Y para finalizar, tal y como he planteado en artículos anteriores, así como para mi blog www.rominavasquez.com, percepción es realidad y manejarlas para que sean las mejores es un verdadero arte. 

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