El Consejo Superior de Salud belga alertó de la toxicidad del fipronil hace más de un año pero la agencia nacional para la seguridad alimentaria (Afsca) no siguió la pista para identificar su presencia en los huevos de granjas del país, informó el diario Le Soir.

El Consejo informó a principios de verano de 2016 a los ministerios de Salud y Medio Ambiente belgas de los peligros de la sustancia y recomendó tomar "medidas preventivas", aseguró el rotativo.

La presencia de fipronil fue detectada en granjas de Holanda, Bélgica, Alemania y Francia, en las que se bloqueó la producción, pero el escándalo se extiende a los países que importan huevos de esos establecimientos, aunque aún no se confirma si las partidas que adquirieron contenían trazas del insecticida.

Se trata de Suecia, Francia (que además de exportar recibió huevos contaminados de Bélgica), Reino Unido, Austria, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Polonia, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia y Dinamarca, así como Suiza y Hong Kong.

Por otra parte, el Departamento de Salud del Gobierno regional del País Vasco (norte de España) informó que inmovilizaron inmovilizado una partida de 20.000 unidades de huevo líquido pasteurizado contaminada con fipronil procedente de Francia.

Se trata de la primera partida de productos contaminados por el insecticida de la que se tiene constancia en España.

La Comisión Europea (CE) convocó este viernes a los países afectados por el escándalo del fipronil a una reunión el próximo 26 de septiembre, con la que Bruselas espera "extraer lecciones" para mejorar el sistema de alerta de seguridad alimentaria europeo.

El asunto está siendo tratado por la CE como un tema sanitario, aunque los expertos coinciden en que, según los niveles de fipronil encontrados en los huevos, no existe un riesgo sanitario potencial.

Según las cifras facilitadas a Efe por el toxicólogo de la Universidad de Lovaina, Alfred Bernard, una persona tendría que consumir al menos 10.000 de esos huevos contaminados, durante un corto periodo de tiempo, para poner en riesgo su salud.

Más allá, el asunto tiene "una dimensión judicial", como recordó Rosario, dado que, aunque la comercialización del fipronil está permitida en la UE (se utiliza para el tratamiento del ácaro rojo en semillas o animales domésticos como perros y gatos), su uso es ilegal en la cadena alimentaria.

Holanda y Bélgica mantienen investigaciones para analizar el origen del fraude, que según los primeros análisis estaba en la empresa belga Poultry Vision, el proveedor que supuestamente vendió con la etiqueta "bio" un tratamiento para las gallinas que contenía fipronil.