Por Narciso Isa Conde

En este título incluyo dos de los vocablos de aquella famosa película del Oeste norteamericano “El bueno, el malo y el feo”,  y dejo ex profeso el tercero; porque lo feo y lo bonito en la cultura dominante en nuestra sociedad está condicionado por el patrón estético racista impuesta desde el fenotipo blanco-europeo de los colonizadores.

Los ideólogos y “estrategas” de la dictadura morada, regenteada hábilmente por las elites de las mafias políticas, son expertos en adornar la podredumbre y la descomposición institucional con funcionarios aptos para presentar temporalmente rostros de bondad y eficiencia.

Ese tipo de funcionarios constituyen una especie de “bonsái”, algunos/as puramente decorativos y otros/as más o menos eficientes; usados mucha veces para taponar desastres en determinados ministerios y entidades importantes del Estado.

Ellos/as, por demás, son reforzados por un diseño mediático a la medida, destinado a promover lo que se persigue con no pocos ocultamientos, maquillajes y medias verdades.

Un caso relevante, que podría tomarse como “modelo” a analizar es el del arquitecto Andrés Navarro, seleccionado para hacer el papel del “bueno” en los ministerios de relaciones exteriores y educación sucesivamente; sin ser especialista en  esas ramas de la gestión pública, aunque con ciertas nociones de gerencia y ciertos equipos acompañantes en ambas materia; contrastando su imagen y su rol temporal con sus antecesores desprestigiados.

Así las cosas, “el bueno” de Andrés Navarro remplazó al “malo”  Carlos Morales Troncoso, luego que la depredación clientelista, el robo y el descaro se tornaron insostenible para contener el descredito de la Cancillería que embarraba al Presidente.

Igual sustituyó al “malo” de  Carlos Amarante Baret después que éste cumpliera el cometido de Danilo de dispendiar en su reelección presidencial, en la campaña peledeísta y en la candidatura de su hijo, enormes sumas de dinero procedente del 4% asignado al ministerio de educación.

Las “recetas limpiadoras  de imagen” en ambos casos se reducen a medidas cosméticas y efectistas, como también a algunos reordenamientos administrativos temporales; y en ninguno de los casos el latrocinio y el derroche anterior han sido sancionados en vista de que se trata de desfalcos programados desde la alturas del Palacio Nacional o asignación perversa de áreas del Estado como botín de partidos sanguijuelas aliados a la corporación morada.

El “bueno” de Navarro recibe los lauros de su eficiencia de parte del coro de bocinas pagadas y hasta de pusilánimes o inconsistente opositores; mientras se torna cómplice de la corruptela en su condición, sino de beneficiario, si de encubridor y alto funcionario incondicional a un presidente corrupto y corruptor.

Recibe esas alabanzas al compás que el Presidente Medina le entrega a Miguel Vargas Maldonado y a su facción perredeísta una Cancillería supuestamente depurada, para que la vuelvan a infectar y a usar como patrimonio particular y botín político.

Navarro y todos los “bonsái” saben que lo usan con esos fines y se dejan usar, lo que  aumenta sus culpas aunque no roben para sí y solo se dediquen a maquillar el lodazal mal oliente y a encubrir a los ladrones por orden presidencial o espontánea lealtad al caudillo de pacotilla.

Danilo, cinco años después de reemplazar al “malo” Leonel, ha sido sacado del club de los “buenos” en vista de tanto engañar. Y eso habrá de pasarle a muchos de los bondadosos “bonsái”. Lo mismo que también le pasó a Leonel como sucesor de Balaguer y competidor de Hipólito.

Tan fue sacado Danilo de ese club, que su reelección solo es posible si se postula  a la Presidencia de la Asociación Nacional de Presos de Najayo, La Victoria, Rafey  y el 15 de Azua y Afines, por lo que a lo sumo puede usar su re-postulación como maniobra de distracción para contrarrestar el clamor nacional de que sea judicialmente procesado.

Ese jueguito se está agotando  al tenor la decadencia del sistema de corrupción e impunidad y del auge de la indignación verde.

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