Por: Belié Beltrán (@Jeltran) 

Posee licenciatura (PUCMM) y maestría (APEC) en comunicación corporativa.  Es autor de los libros Pardavelito” (cuento) y “Crónicas a la Colmena” (poesía). Fue traducido al alemán por el Goethe Institut y ha ganado varios premios de poesía y cuento.


El fin de semana pasado ocurrieron cuatro eventos que me hicieron reflexionar un poco sobre los modos en los que buscamos interpretar la literatura de este país. También, sobre detonadores que empleamos para crear.

El primero de los sucesos fue el retiro literario que organizó el profesor Héctor Santana como parte del proyecto “De la idea al objeto”. El retiro consistió en sacar de sus zonas de confort a una veintena de personas con interés en la escritura creativa.

Una vez en Puerto Plata, los participantes asistimos a múltiples recorridos y actividades en torno a los que se realizaron ejercicios de escritura. Desde explorar una fábrica de cigarros puros hasta un conversatorio sobre procesos creativos con Nan Chevalier, Eulogio Javier y Rafael Peralta Romero.

De los recorridos y actividades cada participante tuvo la consigna de escribir textos narrativos. A veces con un tiempo límite, otras veces con la libertad de las habitaciones.

Creo que los dos aportes del retiro fueron:

  • El hecho de que un grupo de personas esté bajo una misma línea genera oportunidades para aproximarse a observar con mayor detenimiento. Como ejercicio es alentador, si se quiere.

  • Recorrer un espacio geográfico intentando levantar en él todo lo que pueda tener madera para crear, aunque no se genere nada de gran valor artístico, facilita la comprensión del entorno. Es decir, entrena la mirada para encontrar detonadores creativos.

El proyecto "De la idea al objeto" es uno de los que aprobó el Ministerio de Cultura en 2014. Héctor Santana lo coordina. Incluye varias actividades: retiro literario, concurso de libros de cuentos y la publicación de tres libros de narrativa.

De aquí nació la publicación del libro “De castigo en la azotea”, escrito por Vladimir Tatis. Lo que nos lleva al segundo evento del fin de semana.

Tatis me facilitó el libro. Lo leí básicamente de un tirón.

Es un libro de cuentos. Aunque la recurrencia de personajes y escenarios y la evolución o involución de estos, hace que pueda leerse como una novela.

Vladimir, el personaje narrador de la mayoría de las historias, retrata un barrio sórdido, pestilente y lleno de gritos de mujeres. No importa si son gritos de evangélicas, madres castigadoras o de orgasmos.

De Castigo En La Azotea da pie a que las historias sean contadas con una voz casi siempre infantil, atemorizada y evocadora de una nostalgia llena de grises y basureros. Un personaje gordo y chivato, un niño al que nunca se le quita el olor a basurero, un policía corrupto y maltratador, un abuelo pedófilo pero poeta.

En el libro de Tatis hay todo tipo de corrupción humana. Toda la perversidad convive sin juicio moral de ningún tipo entre las callejas de ese barrio.

Lo que perjudica la lectura son los tropiezos que a ratos tiene el ritmo de la narración. A veces los personajes caen en tanta bruma mientras actúan de modos tan asquerosos o sórdidos que por un segundo pierden verosimilitud.

Nota: si harán una lectura feminista, es misógino. Quizás eso sea de lo más lindo del libro. No prejuzga ni evalúa los “anti valores”, los mete en la sopa y punto.

Como ya dije antes, el libro fue ganador de un concurso de narrativa que inició con el proyecto "De la idea al objeto". Aquí caemos en el tercer evento del fin de semana.

Durante el retiro literario, Héctor Santana presentó a los participantes las bases del “Certamen de Novela Corta Ramón Lacay Polanco”. El concurso premiará la creación de historias que posean entre cincuenta y cien páginas.

Tendrá un premio único de 100.000 pesos y la publicación del libro. La convocatoria está abierta hasta octubre.

Admito que lo que más me atrae de la convocatoria es que si tiene futuro, será bueno recordar a Ramón. Continuamente su obra es olvidada o mal recordada en el “canon dominicano”, a pesar de lo buena que es.

Y finalmente, el cuarto evento de la serie. Hubo una expedición a mi azotea. Amo ese lugar. Las azoteas dan mucho, incluso te prestan el suelo.

Pd: nada tiene que ver con nada. Estos son solo desvaríos.

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